La Marea



La página en blanco de los poemas de Shakespeare en la que John Keats escribió su deseo de ser firme como una brillante estrella.
La soledad que hizo Marguerite Duras en Neuphe Chateau.
La noche de octubre en la cual Borges habló en el Ateneo popular Esteban Echeverría de San Fernando de "todos nuestros ayeres".
La noche de un 30 de setiembre en que Claudio Galeno preparó el higo que puso fin a la perversión de Cómodo Imperator.
Las verdes olas del Bois.
El bramido de un fusil en los trémulos sueños de un niño.
La solidaridad que esculpió Pilar en un instante de ébano sobre el mapa de Bosasso.
La trónida obsesión de Ernest Hemingway para culminar "por quien doblan las campanas".
La estigia obsesión de Adolf Hitler para culminar con la raza humana.
Un niño y Charles Chaplin sentados, con su miradas desabrigadas repasando las nadas sobre el umbral.
El rumor de las piedras de una playa patagónica.
El inofensivo vestido blanco de Marilin Monroe flameando voluptuoso en la avenida Lexington.
Las nubes lineales y escarlatas que se aposentaron en el Ebro.
La marea de siempres y jamases que orillan las plazas.
La mano de Pablo Neruda escribiendo: "Je peaux écrire les vers les plus tristes cette nuit".
La mano de Rimbaud en el instante en que decidió no escribir más.
La mano de Nerval escribiendo la mano encantada.
La mano de Carlos Martian rosigando símbolos.
La mano que escribió Carpe Diem.
La mano de Jhon Donne escribiendo: "por eso nunca preguntes por quien doblan las campanas; doblan por tí".
La mano de Bobby Fischer sobrevolando con su caballo el primer escaque.
Los pasos de Hölderlin hacia Nüstingen platicando con las estatuas.Los sesenta años de William Blake leyendo a Dante.
La voz de Carlos Gardel recorriendo el recodo del último tango.
Las bandadas de golondrinas que visten las mañanas parisienses.
La golondrina azul que se posó en mi ventana a una hora indeterminada de diciembre.
El día en que Aristóteles escribió "una golondrina no hace verano; tampoco un acto virtuoso hace feliz y dichoso al hombre".
La hora en que la muerte medrosa recibió a Charles Bukowski.
La dócil e impalpable navegación de un barco en una botella.
Las miríadas de miradas que colecciona la noche constelada.
La mirada de Ana Frank sonriendo a los primeros tirsos del castaño.
El segundo en que el cianuro despeñó el fresco y húmedo hocico de Blondi.
Cuatro enamorados pies sobre el meridiano de Greenwich.
Una roja rosa en las manos de una blanca dama de piedra en Pére-Lachaise.
El jíbaro que intenta reducir nuestras utopías.

Los albatros no detienen su marcha.
Es zozobra, vaivén, idos y retornados.
Las naves han sido quemadas.
Sólo es usted y la marea.
La marea y el naufragio que hay en usted.

c.m. de La Mer, edic. del  dock-2009

Comentarios

  1. ¡que verso en honor a Pilar Bauzá Moreno!gracias poeta.
    Grisel

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  2. Ingresé a este blog por accidente. Si bien lo que mas leo es novela he podido compartir con usted su rico mundo. Gracias por volvernos a la realidad y aún así poder volar. Mercedes

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  3. felicitaciones, por esta marea tan
    especial. Magalí.

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