27.1.09

Oda a la golondrina

Viajera veloz,
infatigable.
De suave
y refulgente manto,
entregas tu vuelo
cenital,
incesante,
libre,
sinfónico.
Flecha de plata y carbón,
que el hilo aúreo
del estro y la poesía
ostentas
allá...en las alturas.
Ya fin de febrero
quedan y no quedan
batientes tus alas
al ras del tiempo,
y luego te ausentas y no
y entonces...
otoño y remembranza,
esculpen en el aire:
tirabuzones,
exactos ochos
ahítos de graznidos,
electrizantes pasadas.
De la aurora
emerges,
y te abismas
en tu naufragio
de ficción.
Te añoro
relámpago alado.
Tu vuelo es crepuscular
y celeste.
¡Oh acróbata del infinito espacio!
¡Oh mensajera de Eolo!
Ciudadana jubilosa
del mundo todo;
exenta de visas y de inviernos.
Danzarina aérea,
maratonista migratoria,
sempiterna y sonora.
Eres ciclón y brisa,
tempestad y calma.
Estrella nacarada
y azul de la poesía,
que refulgesy alumbras
las hojas perennes
de Becker,
Neruda
y Alfonsina.
"Ya es la hora".
¡Trotacontinentes, adiós!
De ti me despido
indómita y tersa
nave.
Hasta el próximo,
e impostergable
exódo,
en el cual bordarás
una estela
de invisibles
y primaverales
letras
como misiva
de presentación.
Carlos Martian

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