Suicidios eran los de antes

Cada tanto  le cuento a Rosa algunas historias y le digo suicidios eran los de antes. Ella concurre a las marchas, lee el código, teje y tose.
Los Galios aprobaban el suicidio por vejez, por muerte de los esposos, y dolencia grave o dolorosa. Del mismo modo era aceptada por los celtas, hispanos, vikingos, y nórdicos.
 Los pueblos germánicos, visigodos, trataban de evitar la muerte vergonzosa, siendo el suicidio en tal caso entendible. En China se llevaba a cabo por lealtad. En Japón consistía en un acto ceremonial, especialmente en casos de derrota. En la India existían motivos religiosos o también por muerte de los esposos.

El responsable de este relato, tal vez  sea mi vecino, la suegra de mi vecino.Discuten  a voz alzada y el siempre  amenaza con colgarse.
Las tribus del Africa rehuían todo contacto con el cuerpo del suicida, se quemaba su casa o el árbol donde se hubiera ahorcado. El acto suicida representaba  la cólera de los antepasados y se relacionaba con la hechicería. El cuerpo se enterraba sin los ritos funerarios habituales.
En los  Cristianos el suicidio era raro pues atentaba contra el quinto mandamiento. 
En Grecia y Roma los suicidios fueron innumerables y por  diversas causas: heroica, por solidaridad, por fanatismo, por locura. Otro caso es el del griego Sócrates, quien por su oratoria y  pensamiento fue condenado a beber cicuta.
En Roma se penaba solo el suicidio irracional, creían que quien  no podía cuidar de sí mismo tampoco podría cuidar a los demás. Se aceptaba el suicidio por enfermedad grave o terminal. La idea del bien morir era un summun bonum, ya que es mejor morir de una vez que tener que padecer desventuras día tras día. Tanto para griegos como para romanos morir decente y dignamente era muy importante. 
Los estoicos veían  el suicidio como una liberación de un sufrimiento insoportable.
Aristóteles lo consideraba una injusticia sino era autorizado por el estado y en tales casos no se efectuaban los honores de una sepultura normal, la mano derecha era cortada y apartada del cuerpo. 

 Siempre le digo a Rosa, el suicidio no es broma. Cada día se suicidan unas tres mil personas en el mundo, cerca de más de un millón en el año.
A ella con lo del vecino, se le dió por estudiar derecho. Ahora lee el código, teje y tose.

 Se cuenta que Tarquino el Soberbio dispuso poner en cruz los cadáveres de los suicidas y abandonarlos como alimento para los buitres, y así combatir una epidemia de suicidios.
Séneca creía que era un acto enérgico, por el que somos protagonistas de nuestra vida y nos libramos de inútiles servidumbres.
El Neoplatonismo hablaba de que el hombre no debe oponerse al designio de Dios y rechazar el  lugar que el nos había otorgado. Nuestra alma en tal caso no emncontraría la paz.
El Islamismo también lo condena, y lo considera un hecho más grave que el homicidio.
Durante la Edad Media el suicidio es penado por los distintos Concilios. Era  considerado  un crimen, se le negaba al difunto la conmemoración funeraria, siendo excluido del camposanto. El cuerpo de los suicidas era enterrado en la encrucijada de los caminos y sus bienes confiscados.
En el Renacimiento los suicidas ingresaban al círculo del Infierno y eran transformados en árboles y azuzados por las Harpías.
Con el Romanticismo los suicidios aumentan y se consideraba el mal del siglo.

 ¡Paf, paf, cataplán! Otra vez mi vecino, la mujer y  la suegra de mi vecino. Dale que te dale con colgarse.Nos miramos a los ojos. Rosa me toma de la mano, y mientras me escucha ceba otro mate.

 Actualmente el suicidio alcanzó gran difusión, hasta hay clubs de fans para los suicidas y muchos de ellos compiten en el libro de los guiness.Hay personas que se suicidan con la primer frase, o el segundo estornudo.Otros se arrojan de los balcones para importunar a algún despistado transeúnte. Otros se suicidan  por tv., vía internet y paradójicamente regresan como un boomerang por la misma vía: fotos, mails, mensajes, mensajitos. Todo es como un eterno retorno.

 Eso si, se han bajado los costos, le digo a Rosa. Ya no se estilan las despedidas con tanta pompa, ni coches ni caballos, ni brazaletes, ni velos, ni viudas  negras, ni laureles ni coronas. Solo unas bonitas gafas de sol. El boom es la cremación en masa, en un entorno apropiado, con mucho verde, altos árboles y pájaros embalsamados (no es necesario que canten). Luego nada mejor para elaborar el duelo, que programar un viajecito a algún lugar exótico, para cumplir con el rito o el último deseo del finado. Abrir la urna o caja de bombones o caja musical  en su defecto, soplar las cenizas al viento, siempre con la convicción absurda o férrea que las mismas pertenecen a nuestro ser querido.

 Ayer nos enteramos  por Doña Berta, que el vecino finalmente cumplió con su promesa y  se había ahorcado y que su señora y su suegra habían partido de viaje,  con las cenizas marchitas del muerto.
Con voz gastada,  le repito  a Rosa:  para mi que la suegra le pateó el banquito.

C.M

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