LIBRO MONUMENTO AL PERRO / BOOK MONUMENT TO THE DOG / LIBRO MONUMENTO AL CANE
Lectura del texto Pluto por su autor:
Poet Carlos Martian / editorial Eloisa Cartonera.
El libro va acompañado por fotografías y en el capítulo final (Placa historia de mi Perro) quedan unas páginas en blanco donde el lector puede agregar la historia que lo une o ha unido a su perro predilecto.
Los perros simbolizan las virtudes que buscamos en las demás personas: lealtad, compañerismo, gratitud, bondad, humildad, y nobleza. Todo ello reunido en un solo ser.
El libro inicia con una imprescindible mención de las celebraciones, como el Día del Animal, el Día Nacional del Perro, y trae a la memoria el nombre de perros significativos, así como perros y humanos significativos: Fernando el Perro; Hachiko; Bruno; Ulises y Argos; Miguel de Cervantes y los Perros; Axel Munthe, protector de Perros; Poeta Rafael Alberti y Niebla; Pablo Neruda, Chu Tuh, y Nyon; el poeta Vicente Aleixandre y Sirio; la escritora Victoria Ocampo y Beauty; el escritor Eduardo Galeano y Morgan; el poeta Michel Houellebecq y Clément; el escritor José Saramago y Camoens; el cantor de tangos Carlos Gardel y Blanquito ; el beatle Paul Mc Cartney y Martha; el filósofo Arthur Shopenhauer y Atma; el psicoanalista Sigmund Freud y Jofie ; y algunos escritores más.
Cada texto, excepto el dedicado a Pluto, esta basado en vivencias reales. Hay muchas anécdotas sobre perros. Algunas tienen final feliz, otras no tanto.
Muchos de los perros los he conocido, a otros he querido conocerlos para saber de sus devenires perrunos. Debo decirles que aprendí y sigo aprendiendo de estos seres ladrantes.
Esta obra no tiene un afán presuntuoso, por el contrario, asoma con un humilde pero inalterable y justo reconocimiento para nuestros quijotescos compañeros: los perros.
Así que a ellos, los perros, este Libro-Monumento, una manera de decir, donde cada texto, cada poema, cada pequeña historia, es como una placa resplandeciente que encuentra un lugar de invulnerable afecto.
Este pequeño animal, que mide entre 40 y 150 centímetros, vive a lo largo de todo el continente americano, preferentemente en zonas húmedas y selváticas. Nuestro amigo, familiar lejano del Mapache, recibe diferentes nombres: Coatí, que en guaraní significa “nariz alargada”. También conocido como Tejón mexicano/americano ya que los conquistadores españoles lo llamaban tejón por el “parecido” a uno de los animales europeos. Los quechuas lo llamaban “sacha-mono”, que significa “casi un mono”. A otros, les agradaba llamarlo: Osito de los palos.
Yo lo llamo: el arbóreo desterrado.
Es de hábitos arborícolas. Sobre los árboles se moviliza con gran destreza, desplazándose a través de las ramas como si fuera un mono, utilizando su larga cola para aferrarse en caso de correr el riesgo de caerse. El coatí es un escalador profesional, con sus poderosas zarpas como si fueran crampones. A veces, los vemos al igual que los famosos suricatos, montando “guardias” para alertar ante algún peligro.
En mi último viaje a Cataratas del Iguazú, pude comprobar una triste realidad. En el pasado estos animalitos, pasaban alegremente la mayor parte de su tiempo sobre los árboles. En la actualidad, han abandonado las ramas y el follaje, y los vemos como una osada pandilla, merodeando los lugares donde circulan los turistas.
Qué ha sucedido?
Por su similitud con los animales domésticos, los turistas les ofrecen comida. Si tomamos en cuenta, que en temporada baja ingresan al Parque Nacional Iguazú cerca de 2000 personas por día, y en temporada alta cerca de 12.000 personas al día. Si tomamos en cuenta, que durante los doce meses del año, no hay un mes de intervalo o de descanso para estos seres vivientes, para su entorno, para el resguardo de nuestras generaciones futuras.
Todo se ha transformado en una inexorable y repugnante máquina de producir dinero, dinero y más dinero.
Esta es LA TRAGEDIA DEL COATÍ.
Ahora este animalito, simpático y peligroso, se caracteriza por ser experto en robos: descuidar una mochila, una cartera, un celular, un chupete, y más que nada la comida, es garantía de perderlos a manos de los espabilados coatíes, quienes pueden llegar a empecinarse con algún botín, y destruir todo a base de mordiscos y zarpazos.
Qué ha sucedido con estos seres libres? Ahora viven para hurgar y acumular.
Antiguamente todas sus ideas de felicidad acababan en un árbol. Hoy todas sus ideas de felicidad acaban en productos ingresados por intrusos visitantes.
El consumismo ha alcanzado su punto crucial, irracional y exacerbado.
Los coatíes, quieren consumir, poseer, lo que no necesitan. Han caído bajo el engranaje del perverso rodar humano. El yugo del consumismo azotó y azota la libertad serena de los coatíes.
Esta es LA TRAGEDIA DEL COATÍ.
Ya nunca. Nunca, volverán a ser felices prescindiendo de las cosas.