El
Arroyo dice
-dedicado al Arroyito Pinazo-
Queridas personas
quiero contarles
las palabras de agua
que por las noches
en silencio y murmurando
el manso arroyo
vierte en mis sueños.
El arroyo dice
me hace decir:
A
pesar
del
humo y la borrasca
del
aliento y desaliento
resisto resistiré
con
mi cauce dócil y rebelde
con
mi paisaje magia de meandros
con
mi canto resplandor que arrulla.
Mi latido nunca se detendrá.
El arroyo dice
me hace decir:
no
estoy solo
me
acompañan
los
pájaros mañaneros
las
abejas zumbadoras
las
liebres renacidas
el
relincho de valerosos caballos
y las briosas estrellas de la noche.
El arroyo dice
me hace decir:
no
soy cualquier arroyo
soy
torrente indómito del humedal
savia
sagrada de la vida
aguasangre
libre y feliz
no
no soy cualquier arroyo
soy
la naturaleza respirando
soy
suelo y lluvia y aire
soy
agua de tu agua y más.
El arroyo dice
me hace decir:
no
se rindan
no
bajen los brazos
no
dejen de cuidar lo que nos cuida
no
arríen la bandera de los sueños
mi
corazón invisible todavía late
y
seguirá latiendo maravillado
cuando
la ribera futuro de los gurises
de
plantas arbustos y árboles nativos
se
pueble entonces
inocentes
criaturas del aire
traerán
la esperanza de los vuelos
alas cantoras acariciando el cielo.
Fue así que le pregunté al arroyo:
¿será
posible? ¿se logrará?
y él desde su serenidad infinita
con su voz inquieta y cristalina
me respondió:
¡pregúntales
a las cortaderas
que
vieron el paso de los patriotas!
¡pregúntales
a los patos que no abandonan!
¡pregúntales
a los ceibos que crecen!
¡pregúntales
a los cuises, a los zorros que rondan,
a
las medrosas comadrejas, a las huidizas tortugas,
a
las aves que migran!
¡pregúntales
a las plateadas madrecitas!
¡pregúntales
a las mariposas zafiro
que
habitan en los talas!
pregúntales pregúntales!
Vuelta mi alma al cuerpo
alcancé a escuchar
las últimas palabras del Arroyo
alejándose de la mano del viento
como un eco de bienaventuranza
alejándose repitiendo:
¡Vamos
manos a la obra!
a
sembrar la primer semilla
a
plantar el primer árbol
despierten
comiencen a soñar.
Carlos Martian






