7.1.20
Que tu vida sea un mandala de color
3.12.19
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Mi piace il profumo del tiglio
10.2.19
Pluto (video del libro Monumento al Perro)
Buenos Aires es un Tango que arde
Del Audiolibro: De Poemas y De Vientos / año 2013
Voz: Carlos Martian - Clarinete: Pamela Sleiman
9.2.19
Junto al Guardarrail
Junto al Guardarrail / Del Audiolibro: De Poemas y De Vientos / año 2013
(En este texto el autor lo dedica a un perro extraviado y desorientado en la autopista).
13.1.19
20.10.18
La Tragedia del Coatí
La Tragedia del Coatí
Este pequeño animal, que mide entre 40 y 150 centímetros, vive a lo largo de todo el continente americano, preferentemente en zonas húmedas y selváticas. Nuestro amigo, familiar lejano del Mapache, recibe diferentes nombres: Coatí, que en guaraní significa “nariz alargada”. También conocido como Tejón mexicano/americano ya que los conquistadores españoles lo llamaban tejón por el “parecido” a uno de los animales europeos. Los quechuas lo llamaban “sacha-mono”, que significa “casi un mono”. A otros, les agradaba llamarlo: Osito de los palos.
Yo lo llamo: el arbóreo desterrado.
Es de hábitos arborícolas. Sobre los árboles se moviliza con gran destreza, desplazándose a través de las ramas como si fuera un mono, utilizando su larga cola para aferrarse en caso de correr el riesgo de caerse. El coatí es un escalador profesional, con sus poderosas zarpas como si fueran crampones. A veces, los vemos al igual que los famosos suricatos, montando “guardias” para alertar ante algún peligro.
En mi último viaje a Cataratas del Iguazú, pude comprobar una triste realidad. En el pasado estos animalitos, pasaban alegremente la mayor parte de su tiempo sobre los árboles. En la actualidad, han abandonado las ramas y el follaje, y los vemos como una osada pandilla, merodeando los lugares donde circulan los turistas.
Qué ha sucedido?
Por su similitud con los animales domésticos, los turistas les ofrecen comida. Si tomamos en cuenta, que en temporada baja ingresan al Parque Nacional Iguazú cerca de 2000 personas por día, y en temporada alta cerca de 12.000 personas al día. Si tomamos en cuenta, que durante los doce meses del año, no hay un mes de intervalo o de descanso para estos seres vivientes, para su entorno, para el resguardo de nuestras generaciones futuras.
Todo se ha transformado en una inexorable y repugnante máquina de producir dinero, dinero y más dinero.
Esta es LA TRAGEDIA DEL COATÍ.
Ahora este animalito, simpático y peligroso, se caracteriza por ser experto en robos: descuidar una mochila, una cartera, un celular, un chupete, y más que nada la comida, es garantía de perderlos a manos de los espabilados coatíes, quienes pueden llegar a empecinarse con algún botín, y destruir todo a base de mordiscos y zarpazos.
Qué ha sucedido con estos seres libres? Ahora viven para hurgar y acumular.
Antiguamente todas sus ideas de felicidad acababan en un árbol. Hoy todas sus ideas de felicidad acaban en productos ingresados por intrusos visitantes.
El consumismo ha alcanzado su punto crucial, irracional y exacerbado.
Los coatíes, quieren consumir, poseer, lo que no necesitan. Han caído bajo el engranaje del perverso rodar humano. El yugo del consumismo azotó y azota la libertad serena de los coatíes.
Esta es LA TRAGEDIA DEL COATÍ.
Ya nunca. Nunca, volverán a ser felices prescindiendo de las cosas.
Carlos Martian
El Hombre de los Gatos por Carlos Martian
El Hombre de los Gatos
Monté
en la Golondrina Azul, moto con la cual había visitado meses atrás el Fin del
Mundo (Usuahia). Surqué la autopista Buenos Aires - La Plata. Por debajo, el
río conocido como Riachuelo, de aguas luminosamente oscuras como un espejo
negro, como Reflejos, aquel óleo de
Quinquela Martin.
Puse proa rumbo a la ciudad de Mar del Plata.
Horas después: el Sr. Mar.
Rodé
por la ciudad marina, conocí el faro de Punta Mogotes de cinco franjas blancas
y rojas.
El
último día caminé por el paseo costero. Al llegar al mirador Cabo Corrientes,
una manada de gatos sobre el afloramiento rocoso. Un hombre que les repartía
agua y comida trepó entre las rocas, y se apoyó sobre el murete costero como si
fuera el balcón de su casa.
—¿Los
gatos no temen el furor del mar? —pregunté .
—Los
gatos son el espejo de uno —aseveró.
Habló, hablamos de filosofía, de sabiduría oriental, del respeto por los
animales. Dijo ser vegetariano. Gustavo, así se llamaba, y sus gatos, llevaban
6 años viviendo sobre las rocas, a pasitos del mar. Atrás había dejado, el
empobrecimiento y la narcoviolencia de su querida ciudad: La Plata.
Recordé la frase del Sutra de Diamante: El mendigo no es el mendigo, y es por ello que le llamo mendigo.
La
gente continuaba circulando, remeras fluorescentes, auriculares ensimismados,
autos de vidrios polarizados.
Supe, no se trataba de una SITUACIÓN DE CALLE, se trataba de una SITUACIÓN DE
MAR.
Mientras que en alguna mesa del casino
giraba una nueva bolilla, se posó en mi mente la nieve de París del 54, el
Abate Pierre.
Al amanecer, y antes de partir, decidí pasar a despedirme.
Entre
la bruma y la brizna: —¡Gustavo,
Gustavo! —grité.
Enarboló sus ojos de mar entre las rocas, luego subió hasta el murete, le
entregué una bolsa con frutas. Nos estrechamos las manos silenciosas, y una
lágrima alzó vuelo, tras el visor del casco.
C.M.
artículo publicado en Revista Industria Argentina, (Comunidad Cultural barrial de Saavedra, N°73, julio-agosto 2018), por Carlos Martian
Cecilia Durán Gafo
Cecilia Durán Gafo Esta es la historia de Cecilia y su regalo a la humanidad a las generaciones por venir. Allá en la lejanía de Ba...
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