25.7.20

El Cernícalo



La tarde de invierno transcurría diáfana, una brisa pacífica y un sol amable acariciaban la hierba. Como era mi costumbre, coloqué la jaula del canario debajo del alero, frente a los árboles. Un simulacro de libertad, pequeñas ráfagas de aroma, suficientes para tan cándida criatura.

El canario en su segura celda, disfrutando de su encierro. Una rodaja de manzana, un trocito de vainilla. El alpiste desparramado atraía otros pájaros, benévolos pájaros de rápidos reflejos, acostumbrados a la impredecibilidad de las amenazas de la noche o las tormentas.

Luego del almuerzo, me retiré a descansar. Nada me hacía sospechar aquella frase tan conocida: “La calma que antecede al huracán”.

Luego del breve lapso en el cual uno tiene la ilusión de amanecer dos veces, me dispuse a continuar la tarde. No puedo recordar si tuve algún sueño, o si alguna imagen de color transcurrió efímera.

Traspuse la puerta y a través de la ventana logré enfrentarme con la escena. El cuerpecito inerme del canario yacía acurrucado contra los barrotes de la jaula. Me acerqué sigilosamente, observando que de un pequeño orifico de su cabecita, emanaba una hebra de sangre. Mi imaginación intentaba reconstruir el hecho. El disparo artero del rapaz, que ya había visto merodear días atrás. Unos minutos, unos segundos de descuido, fatal corolario de la supervivencia. Suponía que el miedo de la inocente criatura jugó su parte. Al intentar huir, se acercó más a los alambrados barrotes, y así definió su suerte entre las garras y el pico del calculador y mortífero plumífero.

Sentí sed de venganza, impartir justicia por mano propia, y fue entonces que se posaron en mi aura aquellas palabras de Mijaíl Bulgákov: “Nunca se deje tentar a cometer un crimen, sea cuales fuesen sus motivos. Mantenga las manos puras hasta su muerte”.

El hecho se había consumado, poco quedaba por hacer. Se había impuesto el prevalecer de la acción como el resuelto filo de la guillotina que cae. Petrificado, rumeante y en silencio, mi pensamiento como un eco repetía: mantenga las manos puras hasta su muerte.

Levante la mirada, el cuerpecito inerme del canario yacía acurrucado contra los barrotes de la jaula. Solo algunas pocas plumas amarillas, jaspeadas de escarlata, alcanzaron su libertad empujadas por el viento.

 

Carlos Martian


22.7.20

Al Fondo Nacional de las Artes se le volaron los Pájaros


No puedo negar el asombro que sentí, al leer el llamado a Concurso del Fondo Nacional de las Artes, y no hallar la palabra Poesía en el contenido del texto publicado.

No es que vaya por el mundo como un cazador de premios, o tal vez sí, me aliente la ilusión de tales aventuras. Aunque en verdad me hace felíz que algún poeta/poetisa pueda ser reconocido/a. En verdad, además, creo que los premios domestican al poeta.

Se me expande el pecho cuando todavía en estos tiempos se respira y respira la poesía. Estoy convencido, que hoy y dentro de este “contexto especial por la pandemia”, lejos de invisibilizar el género poético, este debe estar más vigente que nunca.

La Poesía debe marchar celebratoria por las calles redoblando sus versos de tambor.

Tristemente, y como dice el Fondo Nacional de las Artes en su publicación del llamado a Concurso de Letras 2020: “En un contexto especial, atravesado por la emergencia sanitaria como consecuencia de la pandemia del Covid 19  .  .  . este año distinguirá obras inéditas de Ciencia Ficción, Fantástico y Terror, y entregará también premios regionales”.

¿Y dónde los pájaros?

Hoy “en un contexto especial” el canto de la poesía debe aletear visible e invenciblemente.

Con mis palabras no intento imponer nada. Solamente es el sentimiento de un insignificante aprendiz de la palabra.

La poesía vive y vivirá por sobre todos los premios. La Poesía, el sentimiento, es el premio.

Espero poder decir algún día que al F.N.A. no se le volaron los pájaros.

Espero poder decir que nuestros “Los Pájaros Perdidos” regresaron para siempre.

Espero que el aullido del lobo conviva con el canto azul de los pájaros.

 

Carlos Martian


1.7.20

Cuarentena



Con la cuarentena el hombre replegó su avanzada. En la comarca han regresado los pájaros de antaño, he visto nuevamente algunas liebres. Un pájaro Crespín posado sobre la rama alta de un árbol, con su canto, me trajo su leyenda.

 

C.M.




14.6.20

Bitácora de la Peste I: El Regreso de un nuevo Leviatán



Bitácora de la Peste I:  El Regreso de un nuevo Leviatán

Hoy nos trasladaremos en el tiempo hacia la época barroca, que se extendió entre los años 1600 y 1750. En ese tiempo, los compositores barrocos desarrollaron la armonía que sirve de base, y nos legaron pociones misteriosamente mágicas.

Entre esos compositores se hallaba: Johann Christoph Pachelbel, nacido en Nuremberg, a orillas del río Pegnitz, en 1653. Destacado organista, clavicembalista y compositor, Johann Pachelbel se cuenta entre los más importantes músicos de la generación anterior a Johann Sebastian Bach, de cuyo padre fue amigo.

Según cuentan, parece que en la primavera de 1670 comenzó a concurrir a la escuela poética de Ratisbona, asistiendo a las clases particulares de Kaspar Prentz, quien le introdujo en el conocimiento de los grandes compositores italianos de la época. En 1673 se trasladó a Viena para asumir el cargo de organista suplente en la catedral de San Esteban. Cuatro años después fue nombrado organista de la corte de Eisenbach, al servicio del príncipe Johann Georg, duque de Saxe-Eisenach. En junio de 1678 fue contratado por la iglesia protestante de Erfurt; allí contrajo matrimonio con Barbara Gabler en 1681.

Pero dos años más tarde, la vida con sus compases imprevistos, irrumpe sin miramientos con un movimiento de hoz, y su esposa Bárbara y su hijo mueren víctimas de la "Gran peste de Viena" que no era más que un brote más de una epidemia de peste mayor que azotó Alemania, Austria, Bohemia y las regiones cercanas.

La peste de Viena de 1679, causó al menos 76.000 víctimas mortales. Otros centros urbanos de la zona tuvieron unas pérdidas humanas similares. Por ejemplo, en Praga murieron en 1681 83.000 habitantes. Dresde fue afectada en 1680, Magdeburgo y Halle en 1682; en esta última murieron 4.397 personas sobre una población de unos 10.000 habitantes. Muchas otras ciudades del norte de Alemania padecieron la peste durante este periodo, finalmente la peste desapareció de Alemania en 1683 hasta el nuevo brote de 1707.

La naturaleza golpea sobre su pecho ante el accionar avasallante del hombre. Hacinamiento, desperdicios, contaminación, dan a luz plagas implacables que ponen riesgo la supervivencia del ser humano en el planeta. Recordemos que Viena situada a orillas del Danubio, era un importante cruce de caminos entre el este y el oeste, con un importante tráfico de mercancías y viajeros. Ya la ciudad había sufrido brotes episódicos de peste desde la primera oleada de la Peste Negra en el siglo XIV que afectó a casi toda Europa. Viena, ya por entonces contaba con una elevada densidad de población y edificios. La ciudad adolecía de alcantarillado o servicios de drenaje y había montículos de basurales hediondos en las calles. Eso no era todo, los almacenes de mercancías, que contenían ropa, alfombras y grano, en ocasiones durante meses, estaban infestados con ratas. Las condiciones sanitarias de la ciudad eran consideradas deplorables, insalubres y sucias. Así surgió, lo que se conoció como  "Muerte vienesa" en otras partes de Europa.

Si algo de esto en la actualidad nos parece familiar, no nos equivocamos. Hoy como ayer, resurge entre las tinieblas un nuevo Leviatán. El gran temor de la contaminación, la polución ambiental, los agrotóxicos, las secuelas de las compañias petroleras y mineras, los derrames tóxicos fuera de control, la contaminación nuclear. y la posibilidad no lejana de  nuevos rebrotes de la peste actual (covip 19), sumado a la necedad del ser humano,  instauran un nuevo calvario. 

Regresando a nuestro querido músico, es saludable y alentador, recordar que logró dar un salto más, sorteando creativamente el abismo de su tiempo, y viajando en la alfombra mágica de  su pulsión de vida. En 1684 se casó en segundas nupcias con Judith Drommer, hija de un calderero, con la que tuvo siete hijos, dos de los cuales, Wilhelm Hieronymus y Carl Theodorus, fueron también músicos.

El primer trabajo publicado de Pachelbel, un conjunto de variaciones de coral llamadas Musicalische Sterbens-Gedancken (pensamientos musicales sobre la muerte, Erfurt,1683), fueron muy probablemente influenciadas por el deceso de su primer esposa. La música y la poesía como antídoto ante el amenazante ocaso.

Entre sus numerosas composiciones, resuena hasta nuestros días el maravilloso: Canon en Re mayor, escrito para tres voces y bajo continuo, obra que ha sido objeto de numerosas grabaciones.

Según cuentan la luminosidad terrenal de Pachelbel se apagó en su ciudad natal el día 3 de marzo de 1706. Cuentan también, que ese día las flores: Centaurea Cyanus, florecieron azules, más azules que de costumbre.


Carlos Martian

 


9.5.20

Marcha de Utopías


Ulises reconocido por su perro Argos.  Robert Brown  - Escuela de ingles.  activo entre 1836-1859.  grabado.

                                                           
Ulises reconocido por su perro Argos, R. Brown, grabado.

Marcho junto a una legión de utopías.

Me acompañan:

una golondrina soñadora

un espantapájaros

un muñeco de nieve

un coro de grillos

un perro descendiente de Argos

y todas        todas las estatuas del mundo

C.M.






El Cernícalo

La tarde de invierno transcurría diáfana, una brisa pacífica y un sol amable acariciaban la hierba. Como era mi costumbre, coloqué la jaul...

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