13.9.19

Borges y Sábato en el Bar Plaza Dorrego

(Bar Plaza Dorrego, Foto de autor, setiembre 2019)
 

Borges y Sábato en el Bar Plaza Dorrego

Sucedió en una breve y rutilante mañana de estío

un martes de febrero del 75

-según los faustos y funestos memoriosos-

un poco antes de la primer feria del libro

dicen que sucedió.

 

Las palabras de Borges y las palabras de Sábato

sobrevolando la mesa de un bar

-no cualquier bar-

como un misterio de palomas blancas

blancas    palomas    blancas.

 

Vuelo efímero y eterno

como el agua de un río que se aleja

como un osado tren inalcanzable

como un sol onírico azul inexplicable.

 

En ese bar moribundo y rozagante

las cicatrices de la vieja mesa

el tallado semblante en la madera

 

allí el tac tac del báculo borgiano

 los lúgubres lentes sabatianos

allí la danza de las musas en el aire

y hojas invisibles de un invencible poema 

y el rostro de la mesa

como un espejo oracular

 y el laberinto de Creta

y la inquietud del Minotauro

y ojos de tigre    el poniente,

la metáfora y el túnel.

 

Las palabras de Borges y las palabras de Sábato

sobrevolando la mesa de un bar

sobrevolando        sobrevolando

como un misterio de palomas blancas

blancas    palomas    blancas.


Cuando late un misterio se inmortalizan los encuentros.

 C.M.



2.9.19

Textos del libro La Mer, edic. del dock, 2011.



Textos del libro “La Mer”, edic. del dock, 2011, Carlos Martian

reseña contratapa: de Marta Braier-.


Cuenta la leyenda, que el espíritu de un poeta mora en una isla, conocida como Isla de las Golondrinas.
Algunos, dicen que murió o que jamás existió.
Pero otros, creen haberlo visto al ponerse el sol, cuando las golondrinas giran alto, muy alto.
Dicen que el poeta camina tomado de la mano de su amada y recorta una rosa blanca.

Eso dicen.   

C.M.


                           La Marea                                            
La página en blanco de los poemas de Shakespeare en la que John Keats escribió su deseo de ser firme como una brillante estrella.
La soledad que hizo Marguerite Duras en Neuphe Chateau.
La noche de octubre en la cual Borges habló en el Ateneo popular Esteban Echeverría de San Fernando de "todos nuestros ayeres".
La noche de un 30 de setiembre en que Claudio Galeno preparó el higo que puso fin a la perversión de Cómodo Imperator.
Las verdes olas del Bois.
El bramido de un fusil en los trémulos sueños de un niño.
La solidaridad que esculpió Pilar en un instante de ébano sobre el mapa de Bosasso.
La trónida obsesión de Ernest Hemingway para culminar "Por quién doblan las campanas".
La estigia obsesión de Adolf Hitler para culminar con la raza humana.
Un niño y Charles Chaplin sentados, con sus miradas desabrigadas repasando las nadas sobre el umbral.
El rumor de las piedras de una playa patagónica.
El inofensivo vestido blanco de Marilin Monroe flameando voluptuoso en la avenida Lexington.
Las nubes lineales y escarlatas que se aposentaron en el Ebro.
La marea de siempres y jamases que orillan las plazas.
La estatura de Julio Cortázar aventando el mayo francés.
La mano de Pablo Neruda escribiendo: "Je peaux écrire les vers les plus tristes cette nuit".
La mano de Rimbaud en el instante en que decidió no escribir más.
La mano de Nerval escribiendo la mano encantada.
La mano de Carlos Martian rosigando símbolos.
La mano que escribió Carpe Diem.
La mano de Jhon Donne escribiendo: "por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por tí".
La mano de Bobby Fischer sobrevolando a caballo el primer escaque.
Los pasos de Hölderlin hacia Nüstingen platicando con las estatuas.
Los sesenta años de William Blake leyendo a Dante.
La voz de Carlos Gardel recorriendo el recodo del último tango.
Las bandadas de golondrinas que visten las mañanas parisiennes.
La golondrina azul que se posó en mi ventana a una hora indeterminada de diciembre.
El día en que Aristóteles escribió "una golondrina no hace verano; tampoco un acto virtuoso hace feliz y dichoso al hombre".
La hora en que la muerte medrosa recibió a Charles Bukowski.
La dócil e impalpable navegación de un barco en una botella.
Las miríadas de miradas que colecciona la noche constelada.
La mirada de Ana Frank sonriendo a los primeros tirsos del castaño.
El segundo en que el cianuro despeñó el fresco y húmedo hocico de Blondi.
Cuatro enamorados pies  sobre el meridiano de Greenwich.
Una roja rosa en las manos de una blanca dama de piedra en Pére-Lachaise.
El jíbaro que intenta reducir nuestras utopías.

Los albatros no detienen su marcha.
Es zozobra   vaivén idos y retornados.
Las naves han sido quemadas.
Sólo es usted y la marea.
La marea y el naufragio que hay en usted.


C.M.

   
Pájaro herido en país.    
                               “....pesadumbre del barrio que ha cambiado”
                                           Homero Manzi, Sur
Esta casa un universo.
empozado de soledad
suspiro cielo
cuento estrellas.

Aletean presagios  
Exhausto de buscar buscarme
perder perderme de argentino.
Mi corazón marcha cabizbajo
mis ojos se vuelven sombra.

La noche será larga.
Pena mansa y rebelde.
Hasta la casa de la infancia
derrumbaron los inversores.
Los recuerdos:
papeles rotos pisoteados.
Una estrella que no conté
 baja al patio.

La noche será larga

 C.M.


La Inundación
                     "Esa noche y con fuerza deseaba que el viento fuera menos                             
                           deprimente y que no diera tanto en los cristales la lluvia."                                                                                                                                                                                                                                      Pushkin

Pájaros de agua trinan contra el vidrio.
Izan nombres.
Desempañan zarpas aguijones.
Nievan demonios en San Petersburgo.
Golpeados tan.
Flotan muñones en el cielo.
El hielo desliza repeticiones.
Inunda mansedumbre.

A horcajadas van
 banderas negras
 blancas banderas blancas van.

Pájaros de agua trinan contra el vidrio.

Grillos de duelo rezan un padrenuestro.
Cuervos apuntan alto y
 ahogan a la luna.
Leones esteparios acechan en la plaza.
En Retiro un solito da pitazos de angustia.
Un despertador despierta garfios invisibles
osos azules
líquidos plumajes,
olas del despojo.

Pájaros de agua trinan contra el vidrio.

Sin paraguas sin sombrero
apenitas despeinado.
Ojo a ojo.
Pushkin   yo.
Y el Neva acerando las aceras.
Blancas noches blancas van.
Hora de estatuas.
Jinetes de bronce
Latidos zozobran al garete.

Pájaros de agua trinan contra el vidrio.

Eugenio Petrogrado.
Eugenio Buenos Aires.

C.M.

   
Deja Visité
Cuando mis ojos se opacan
deciden curiosear
altas estatuas
inofensivas rarezas.
La conocí un domingo.                                                
San Telmo.   
Obstinada brizna crepuscular

Manos color mate 
surcaban una escultura
inmensamente blanca.

Diálogo de miradas.
Perplejidad entre sahumerios.
Estrella
   restituyendo una obra
   al océano de coleccionistas.

Conversamos sobre arte
estatuas de Reims
y piedras rúnicas.                                                
Hubo tardes noches
 y otras noches dentro de las tardes.

Cosas pequeñitas:
dos cafés    pizza en Pirilo
cerveza en Británico.
Asombro
contemplando las consteladas
cúpulas de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Caminábamos.
Reíamos.

Una noche llegamos a Defensa 1581.
 Imperturbable puerta
 altivos vitroux
 y un infinito frente confundiéndose con el cielo.

En el umbral   Estrella
evocó una frase de Céline:
 "La vida es un retazo de luz que acaba en la noche"

La tarde siguiente llegué a San Telmo.
Brizna    misterio
de un cofre de piratas.

 Estatuas mudas
    me veían pasar.

Regresé al anticuario.
Caminé entre objetos.
Busqué la blanca estatua.
Una voz barbada se presentó
como Alfredo Zahir
busco a Estrella  -dije-.
"Aquí nunca trabajó ninguna Estrella
   no hacemos restauraciones"
   (duramente respondió).

Regresé otras noches
     no sé si alguna vez me fui.



Wendell Berry

Wendell Berry   Cerca del río Kentucky detrás de una ventana el poeta Wendell Berry horas tras horas escribiendo labrando la tierra     escr...

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