infatigable.
De suave
y refulgente manto
entregas tu vuelo
cenital
incesante
libre
sinfónico.
Flecha de plata y carbón
que el hilo aúreo
del estro y la poesía
ostentas
allá en las alturas.
Ya fin de febrero
quedan y no quedan
batientes tus alas
al ras del tiempo
y luego te ausentas y no
y entonces
otoño y remembranza
esculpen en el aire:
tirabuzones
exactos ochos
ahítos de graznidos
electrizantes pasadas
De la aurora
emerges,
y te abismas
en tu naufragio
de ficción.
Te añoro
relámpago alado.
Tu vuelo es crepuscular
y celeste.
¡Oh acróbata del infinito espacio!
¡Oh mensajera de Eolo!
Ciudadana jubilosa
del mundo todo
exenta de visas y de inviernos.
Danzarina aérea,
maratonista migratoria,
sempiterna y sonora.
Eres ciclón y brisa
tempestad y calma.
Estrella nacarada
y azul de la poesía
que refulges y alumbras
las hojas perennes
de Becker
Neruda
y Alfonsina.
¡Ya es la hora!
¡Trotacontinentes adiós!
De ti me despido
indómita y tersa
nave.
Hasta el próximo
e impostergable
éxodo
en el cual bordarás
una estela
de invisibles
y primaverales
letras
como misiva
de presentación.
Carlos Martian, (de Odas Peregrinas, 2012)