Este texto
escrito de puño y letra por Alfonsina Storni data el año 1927 y pertenecía a un
poemario iniciado en el año 1922 por la Sra Elida Haydeé del Cerro, quien
vivía en el antiguo barrio de Flores y se hallaba vinculada al grupo bohemio de
escritores y artistas de la época, quienes daban a luz sus textos en la
publicación: El Eco de Flores.
Manuscrito de Alfonsina: "El artista es una aristocracia de la especie".
Alfonsina Storni -1927-B.Aires.
C.M.
Biblioteca
C.M
(Reservados todos los derechos; queda prohibida la reproducción parcial o total
sin previa autorización.- All rights reserved; reproduction in part or in whole
without permission is prohibited).
Alfonsina Carolina Storni Martignoni (según su
partida de nacimiento-Sala Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892– Mar del Plata,
Argentina, 25 de octubre de 1938)
Su familia llega a la provincia de San Juan en 1880 donde funda una
modesta empresa familiar, y años después, nacen las botellas de cerveza
etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», y circulan por toda la zona.
Luego los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus
dos pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació en Sala Capriasca Alfonsina,
la tercera hija del matrimonio Storni. Llevó el nombre del padre, un hombre
taciturno y apocado. Más tarde Alfonsina contaría a su amigo Fermín
Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo».
En 1901, la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario,
ciudad con un puerto de gran movimiento.
Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la
cabeza de una familia numerosa, y humilde. Instalaron el «Café Suizo», próxima
a la estación de tren, pero el emprendimiento no tuvo éxito. Alfonsina lavaba
platos y atendía las mesas, a los diez años. Las mujeres comenzaron a trabajar
de costureras. Alfonsina toma la decisión de emplearse como obrera en una
fábrica de gorras. En 1907 llega a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un
director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una
actriz que se enferma. Posteriormente su madre la autoriza a
convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorre Santa Fe, Córdoba,
Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Luego dirá que representó Espectros, de
Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio
Sánchez.
Por el 1910 vivía en una pensión y en la ciudad de San Lorenzo, durante
la celebración del aniversario de la Batalla de San Lorenzo, le pidieron que
cante. En un escenario adornado de banderas argentinas entonó la Cavatina de El
Barbero de Sevilla de Rossini.
En 1911 se recibe de maestra rural en Coronda, Sta. Fe, ciudad en la que se
destacó además como cantante lírica. Consigue un puesto de maestra y se vincula
a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Hacia fines de ese
año, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía muy poca ropa,
unos libros de Darío y sus versos». Posteriormente se convierte con el nacimiento
de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, en madre soltera. Trabaja como
cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en
la revista Caras y Caretas.
Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con enormes dificultades
económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por
primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece
Alfonsina recitando sus propios versos. En junio de 1916, aparece
en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales».
En 1917 recibe el Premio Anual del Consejo Nacional de Mujeres por: "El
Canto de los Niños". En Buenos Aires fue docente en el Teatro
Infantil Lavardén, en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y ocupa el cargo
de maestra directora del internado de Marcos Paz.
Alfonsina contó con la amistad fraternal de innumerables poetas. Amado
Nervo, el poeta mejicano líder del modernismo junto con Rubén Darío, publica
sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que
significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber
ocupado ese lugar. En 1919 Nervo arriba a la Argentina como embajador de su
país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un
ejemplar de “La inquietud del rosal”, y lo llama en su dedicatoria «poeta
divino». En el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al
uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época,
modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de
una interpretación de la cultura americana. Manuel Ugarte, cultiva una
amistad con Alfonsina que llega junto con la de José Ingenieros.
A fuerza de tesón y voluntad publica: “El dulce daño”, en 1918. El 18 de
abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle
Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en
esa oportunidad se celebra la aparición de El dulce daño. Los oradores son
Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico.
Alfonsina se está reestableciendo de un cuadro de stress que la obliga a
interrumpir transitoriamente su trabajo en la escuela. No obstante muestra un
gran goce al realizar la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en
traducción al italiano de Folco Testena
En 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar
de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle
Iberlucea. . Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su
muerte frecuentará amigos uruguayos como la poeta Juana de Ibarbourou.
En 1922, Alfonsina frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de
donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoce, al escritor
uruguayo de los cuentos de la Selva: Horacio Quiroga, que había llegado
de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916.
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en
una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una
tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al
mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en
un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que
Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la
menciona frecuentemente en sus cartas y le pide irse a Misiones con el
(1925). Alfonsina dubitativa consulta con su amigo el pintor Benito
Quinquela Martín y decide finalmente no acompañarlo.
Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de
Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, otorgándole un lugar
preferencial en las letras.
En abril de 1921 ingresó como docente en la Escuela para Niños Débiles del
Parque Chacabuco, una institución creada por Hipólito Yrigoyen para
contrarrestar los efectos de la pobreza, albergando a niños desnutridos.
Fue también profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de
Lenguas Vivas. Al morir José Ingenieros, esto la deja un poco más sola.
Hasta la casa de la calle Cuba al 3015 en el barrio de Belgrano, llega
una tarde a conocerla la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser
importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en diario chileno
El Mercurio.
Su libro Ocre, publicado en 1925, considerado por la crítica como el más
logrado de sus poemarios, muestra una insinuación decidida hacia la
captación de imágenes universales. El contenido de sus poesías fue siempre
intimista y autobiográfico.
En 1926 se crea la Peña del Café Tortoni en su subsuelo. Integraban la
misma Benito Quinquela Martín, Alfonsina Storni, Nicolás Olivari, Raúl
González Tuñón, Juan de Dios Filiberto, Conrado Nalé Roxlo, Baldomero Fernández
Moreno, Carlos de la Púa entre otros. La Peña se organizaban concursos
literarios, funciones musicales, se leía poesía.
Los citados forman un centenar y medio de firmas incluidas en el acta
fundacional, que frecuentaron asiduamente esa bodega, artistas como Regina
Paccini (esposa del Presidente Alvear), Lola Membribes, las hermanas Singerman,
políticos como Alvear, Alfredo Palacios, Mario Bravo, poetas como Borges, los
hermanos González Lanuza, Marechal, Mastronardi, Banchs, los hermanos González
Tuñón, Petit de Murat, Roberto Arlt, César Tiempo, autores como Pirandello,
Ortega y Gasset, García Lorca.
En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la
estadía del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de
1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo
de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes
(…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas
(…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas
/negras…».
El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las
expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el
presidente Alvear. Al día siguiente la crítica se ensaña con la obra, y a los
tres días la obra se tuvo que bajar de cartel. Esto produjo cierta
tristeza en el ánimo de Alfonsina, aunque no bajó sus brazos y prosiguió con su
derrotero de lucha infatigable.
Participó en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su actividad
en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de
la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su
hijo, participa de las reuniones del grupo Signos, donde asistían figuras
importantes de las letras como Federico García Lorca y Ramón Gómez de la Serna.
También conoce a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica
algunos poemas.
En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: “Cimbelina y Polixene” y “la Cocinerita”.
Colabora en el diario Crítica y en La Nación
y sus clases de teatro son la rutina diaria.
Un sesgo característico de su producción fue un feminismo ferviente en sintonía
con el estilo que se observa en el poema: "Tú me quieres blanca".
El 20 de mayo de 1935 Alfonsina su salud se reciente y siendo operada de
un cáncer de mama.
En 1936 colabora en el IV centenario de la fundación de Buenos Aires con
el ensayo Desovillando la raíz porteña. Durante el mismo año se suicida Horacio
Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su
propio final:
Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.
El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una
invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un
acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una
reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La
invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de
crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su
conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida,
encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a
medio abrir y las manecillas del reloj».
Publica Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos.
Los meses venideros fueron de inquietud y bruma por el avance de la
enfermedad.
El 18 de octubre es acompañada por su hijo y su amiga Lidia Oriolo de
Pizzigatti y parte en tren rumbo a la ciudad de Mar del Plata. Se aloja en 2861
de tres de febrero en la pensión San Jacinto de su amiga Lidia.
Sobre el final escribirá unas notas, dos cartas una para su hijo
Alejandro y otra para el diario la Nación conteniendo su último poema de
despedida: "Voy a dormir".
El martes 25 hacia la una de la madrugada Alfonsina de 46 años de edad,
abandona su habitación, camina hacia el boulevard Mitre, dobla hacia la playa
de La Perla donde en un acto de máxima autodeterminación se entrega
al mar. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto
trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro
asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique
Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio
Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado,
Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar,
Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo.
El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta
en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios. Este dijo:
«Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes
inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable
planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente
subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos
conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede
prosperar esa planta delicada que es un poeta».
En 1942 el escultor argentino Luis Perlotti realiza el monumento que conmemora
el lugar donde Alfonsina se entregó al mar. la figura tallada en piedra
contiene versos del poema "Dolor" escrito por la poeta en 1925.
Cada 25 de octubre frente a su monumento, en la ciudad de Mar del Plata, se
rinde homenaje arrojando ofrendas, pétalos, y flores en recuerdo de
su vida y de su obra.
Al final de los 60 Félix Luna escribe la zamba: “Alfonsina y El Mar”,
musicalizada por Ariel Ramirez . En 1969 es grabada por Mercedes Sosa
y difundida masivamente.
Sus restos se hallan en el mausoleo realizado por el escultor
argentino Julio César Vergottini, en el cementerio de la Chacarita en la ciudad
de Buenos Aires.
Lamentablemente la casa que habitó la poeta en la ciudad de Coronda, Provincia
de Santa Fé, fue derrumbada.
En el mes de diciembre de 2011 la ONG "Basta de Demoler" denunció que
fue derribado el último inmueble donde vivió la poetisa Alfonsina Storni en la
Ciudad de Buenos Aires. La casa se encontraba bajo el amparo de dos leyes, y
estaba ubicada en Terrada 578, en el barrio de Flores.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos encardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste:
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
A.S.