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12.7.12

Alfonsina Storni, poetisa y gladiadora

 

Este texto escrito de puño y letra por Alfonsina Storni data el año 1927 y pertenecía a un poemario iniciado en el año 1922 por la Sra  Elida Haydeé del Cerro, quien vivía en el antiguo barrio de Flores y se hallaba vinculada al grupo bohemio de escritores y artistas de la época, quienes daban a luz sus textos en la publicación:  El Eco de Flores.

Manuscrito de Alfonsina: "El artista es una aristocracia de la especie".  Alfonsina Storni -1927-B.Aires.

C.M.





Biblioteca C.M
(Reservados todos los derechos; queda prohibida la reproducción parcial o total sin previa autorización.- All rights reserved; reproduction in part or in whole without permission is prohibited).


Alfonsina Carolina Storni Martignoni (según su partida de nacimiento-Sala Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892– Mar del Plata, Argentina, 25 de octubre de 1938)
Su familia llega a la provincia de San Juan en 1880 donde  funda una modesta  empresa familiar, y años después, nacen las botellas de cerveza etiquetadas «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», y circulan por toda la zona. Luego los padres de Alfonsina viajaron a Suiza en el año 1891, junto con sus dos pequeños hijos. En 1892, el 29 de mayo, nació en Sala Capriasca Alfonsina, la tercera hija del matrimonio Storni. Llevó el nombre del padre, un hombre taciturno y apocado. Más tarde Alfonsina contaría  a su amigo Fermín Estrella Gutiérrez: «me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo».
En 1901, la familia se trasladó nuevamente, esta vez a la ciudad de Rosario, ciudad con un puerto de gran movimiento.
Paulina, la madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la cabeza de una familia numerosa, y humilde. Instalaron el «Café Suizo», próxima a la estación de tren, pero el emprendimiento no tuvo éxito. Alfonsina lavaba platos y atendía las mesas, a los diez años. Las mujeres comenzaron a trabajar de costureras. Alfonsina toma la decisión de emplearse como obrera en una fábrica de gorras. En 1907 llega a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enferma. Posteriormente su madre  la autoriza a convertirse en actriz y viajar con la compañía. Recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán. Luego dirá que representó Espectros, de Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio Sánchez.

Por el 1910 vivía en una pensión  y en la ciudad de San Lorenzo, durante la celebración del aniversario de la Batalla de San Lorenzo, le pidieron que cante. En un escenario adornado de banderas argentinas entonó la Cavatina de El Barbero de Sevilla de Rossini.

En 1911 se recibe de maestra rural en Coronda, Sta. Fe, ciudad en la que se destacó además como cantante lírica. Consigue un puesto de maestra y se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Hacia fines de ese año, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía muy poca ropa, unos libros de Darío y sus versos». Posteriormente se convierte con el nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, en madre soltera. Trabaja como cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en la revista Caras y Caretas.

Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con enormes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina  recitando  sus propios versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales».
En 1917 recibe el Premio Anual del Consejo Nacional de Mujeres por: "El Canto de los Niños". En  Buenos Aires fue docente en el Teatro Infantil Lavardén, en la Escuela Normal de Lenguas Vivas  y ocupa el cargo de maestra directora del internado de Marcos Paz.

Alfonsina  contó con la amistad fraternal de innumerables poetas. Amado Nervo, el poeta mejicano líder del modernismo junto con Rubén Darío, publica sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber ocupado ese lugar. En 1919 Nervo arriba a la Argentina como embajador de su país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de “La inquietud del rosal”, y lo llama en su dedicatoria «poeta divino». En el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana.  Manuel Ugarte, cultiva una amistad con  Alfonsina que llega junto con la de José Ingenieros.

A fuerza de tesón y voluntad publica:  “El dulce daño”, en 1918. El 18 de abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebra la aparición de El dulce daño. Los oradores son Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Alfonsina se está reestableciendo de un cuadro de stress que la obliga a interrumpir transitoriamente su trabajo en la escuela. No obstante muestra un gran goce al realizar  la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena

En 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea. . Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos como la poeta  Juana de Ibarbourou.

En 1922, Alfonsina  frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoce, al escritor uruguayo de los cuentos de la Selva:  Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916.
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la menciona frecuentemente en sus cartas y le pide irse a Misiones  con el (1925). Alfonsina  dubitativa consulta con  su amigo el pintor Benito Quinquela Martín y decide finalmente  no acompañarlo.

Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, otorgándole un lugar preferencial en las letras.
En abril de 1921 ingresó como docente en la Escuela para Niños Débiles del Parque Chacabuco, una institución creada por Hipólito Yrigoyen para contrarrestar los efectos de la pobreza, albergando a niños desnutridos.
Fue también  profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Al morir José Ingenieros, esto la deja un poco más sola.
Hasta la casa de la calle Cuba al 3015 en el barrio de Belgrano,  llega una tarde a conocerla  la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en diario chileno El Mercurio.

Su libro Ocre, publicado en 1925, considerado por la crítica como el más logrado de sus poemarios, muestra una insinuación decidida  hacia la captación de imágenes universales. El contenido de sus poesías fue siempre intimista y autobiográfico.

En 1926 se crea la Peña del Café Tortoni en su subsuelo. Integraban la misma  Benito Quinquela Martín, Alfonsina Storni, Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, Juan de Dios Filiberto, Conrado Nalé Roxlo, Baldomero Fernández Moreno, Carlos de la Púa entre otros. La Peña se organizaban concursos literarios, funciones musicales, se leía poesía.
Los citados forman un centenar y medio de firmas incluidas en el acta fundacional, que frecuentaron asiduamente esa bodega, artistas como Regina Paccini (esposa del Presidente Alvear), Lola Membribes, las hermanas Singerman, políticos como Alvear, Alfredo Palacios, Mario Bravo, poetas como Borges, los hermanos González Lanuza, Marechal, Mastronardi, Banchs, los hermanos González Tuñón, Petit de Murat, Roberto Arlt, César Tiempo, autores como Pirandello, Ortega y Gasset, García Lorca.
En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la estadía  del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…».

El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear. Al día siguiente la crítica se ensaña con la obra, y a los tres días la obra se  tuvo que bajar de cartel. Esto produjo cierta tristeza en el ánimo de Alfonsina, aunque no bajó sus brazos y prosiguió con su derrotero de lucha infatigable.
Participó en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su actividad en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo, participa de las reuniones del grupo Signos, donde asistían figuras importantes de las letras como Federico García Lorca y Ramón Gómez de la Serna. También conoce a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas.
En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: “Cimbelina y Polixene” y “la Cocinerita”.

Colabora en el diario Crítica y en La Nación y  sus clases de teatro son la rutina diaria.

Un sesgo característico de su producción fue un feminismo ferviente en sintonía con el estilo que se observa en el poema: "Tú me quieres blanca".

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina su salud se reciente y siendo  operada de un cáncer de mama.
 En 1936 colabora en el IV centenario de la fundación de Buenos Aires con el ensayo Desovillando la raíz porteña. Durante el mismo año se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.

El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las manecillas del reloj».

Publica Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos. Los meses venideros fueron de inquietud y bruma por el avance  de la enfermedad.
El 18 de octubre es acompañada por su hijo y su amiga Lidia Oriolo de Pizzigatti y parte en tren rumbo a la ciudad de Mar del Plata. Se aloja en 2861 de tres de febrero en la pensión San Jacinto de su amiga Lidia.
Sobre el final escribirá unas notas,  dos cartas una para su hijo Alejandro y otra para el diario la Nación conteniendo su último  poema de despedida: "Voy a dormir".
El martes 25 hacia la una de la madrugada  Alfonsina de 46 años de edad, abandona su habitación, camina hacia el boulevard Mitre, dobla hacia la playa de La Perla donde  en un acto de máxima autodeterminación se entrega  al mar. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo.

El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios. Este dijo:
«Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta».

En 1942 el escultor argentino Luis Perlotti realiza el monumento que conmemora el lugar donde Alfonsina se entregó al mar. la figura tallada en piedra contiene versos del poema "Dolor" escrito por la poeta en 1925.

Cada 25 de octubre frente a su monumento, en la ciudad de Mar del Plata, se rinde homenaje arrojando  ofrendas, pétalos, y flores  en recuerdo de su vida y de su obra.

Al final de los 60 Félix Luna escribe la zamba: “Alfonsina y El Mar”, musicalizada por Ariel Ramirez . En  1969 es  grabada por Mercedes Sosa y difundida masivamente.

Sus restos se hallan en el mausoleo realizado  por  el  escultor argentino Julio César Vergottini, en el cementerio de la Chacarita en la ciudad de  Buenos Aires.

Lamentablemente la casa que habitó la poeta en la ciudad de Coronda, Provincia de Santa Fé,  fue derrumbada.
En el mes de diciembre de 2011 la ONG "Basta de Demoler" denunció que fue derribado el último inmueble donde vivió la poetisa Alfonsina Storni en la Ciudad de Buenos Aires. La casa se encontraba bajo el amparo de dos leyes, y estaba ubicada en Terrada 578, en el barrio de Flores.

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos encardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste:
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

A.S.




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