Textos del libro “La
Mer”, edic. del dock, 2011, Carlos Martian
- reseña contratapa: de Marta Braier-.
Cuenta la leyenda, que el espíritu de un poeta mora en una isla, conocida como Isla de las Golondrinas.
Algunos,
dicen que murió o que jamás existió.
Pero
otros, creen haberlo visto al ponerse el sol, cuando las golondrinas giran
alto, muy alto.
Dicen
que el poeta camina tomado de la mano de su amada y recorta una rosa blanca.
Eso
dicen.
C.M.
La Marea
La página en blanco de los poemas de Shakespeare en
la que John Keats escribió su deseo de ser firme como una brillante estrella.
La soledad que hizo Marguerite Duras en Neuphe
Chateau.
La noche de octubre en la cual Borges habló en el
Ateneo popular Esteban Echeverría de San Fernando de "todos nuestros
ayeres".
La noche de un 30 de setiembre en que
Claudio Galeno preparó el higo que puso fin a la perversión de Cómodo
Imperator.
Las verdes olas del Bois.
El bramido de un fusil en los trémulos sueños de un
niño.
La solidaridad que esculpió Pilar en un instante de
ébano sobre el mapa de Bosasso.
La trónida obsesión de Ernest Hemingway para
culminar "Por quién doblan las campanas".
La estigia obsesión de Adolf Hitler para culminar
con la raza humana.
Un niño y Charles Chaplin sentados, con sus miradas
desabrigadas repasando las nadas sobre el umbral.
El rumor de las piedras de una playa patagónica.
El inofensivo vestido blanco de Marilin Monroe
flameando voluptuoso en la avenida Lexington.
Las nubes lineales y escarlatas que se aposentaron
en el Ebro.
La marea de siempres y jamases que orillan las
plazas.
La estatura de Julio Cortázar aventando el mayo
francés.
La mano de Pablo Neruda escribiendo: "Je peaux
écrire les vers les plus tristes cette nuit".
La mano de Rimbaud en el instante en que decidió no
escribir más.
La mano de Nerval escribiendo la mano encantada.
La mano de Carlos Martian rosigando símbolos.
La mano que escribió Carpe Diem.
La mano de Jhon Donne escribiendo: "por eso
nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por tí".
La mano de Bobby Fischer sobrevolando a caballo el
primer escaque.
Los pasos de Hölderlin hacia Nüstingen platicando
con las estatuas.
Los sesenta años de William Blake leyendo a Dante.
La voz de Carlos Gardel recorriendo el recodo del
último tango.
Las bandadas de golondrinas que visten las mañanas
parisiennes.
La golondrina azul que se posó en mi ventana a una
hora indeterminada de diciembre.
El día en que Aristóteles escribió "una
golondrina no hace verano; tampoco un acto virtuoso hace feliz y dichoso al
hombre".
La hora en que la muerte medrosa recibió a Charles
Bukowski.
La dócil e impalpable navegación de un barco en una
botella.
Las miríadas de miradas que colecciona la noche
constelada.
La mirada de Ana Frank sonriendo a los primeros
tirsos del castaño.
El segundo en que el cianuro despeñó el fresco y
húmedo hocico de Blondi.
Cuatro enamorados pies sobre el meridiano de Greenwich.
Una roja rosa en las manos de una blanca dama de
piedra en Pére-Lachaise.
El jíbaro que intenta reducir nuestras utopías.
Los albatros no detienen su marcha.
Es zozobra
vaivén idos y retornados.
Las naves han sido quemadas.
Sólo es usted y la marea.
La marea y el naufragio que hay en usted.
C.M.
Pájaro
herido en país.
“....pesadumbre del barrio que ha cambiado”
Homero Manzi, Sur
Esta casa un universo.
empozado de soledad
suspiro cielo
cuento estrellas.
Aletean presagios
Exhausto de buscar buscarme
perder perderme de argentino.
Mi corazón marcha cabizbajo
mis ojos se vuelven sombra.
La noche será larga.
Pena mansa y rebelde.
Hasta la casa de la infancia
derrumbaron los inversores.
Los recuerdos:
papeles rotos pisoteados.
Una estrella que no conté
baja al patio.
La noche será larga
C.M.
La Inundación
"Esa
noche y con fuerza deseaba que el viento fuera
menos
deprimente
y que no diera tanto en los cristales la lluvia." Pushkin
Pájaros de agua trinan contra el
vidrio.
Izan nombres.
Desempañan zarpas aguijones.
Nievan demonios en San Petersburgo.
Golpeados tan.
Flotan muñones en el cielo.
El hielo desliza repeticiones.
Inunda mansedumbre.
A horcajadas van
banderas negras
blancas banderas blancas van.
Pájaros de agua trinan contra el
vidrio.
Grillos de duelo rezan un padrenuestro.
Cuervos apuntan alto y
ahogan a la luna.
Leones esteparios acechan en la plaza.
En Retiro un solito da pitazos de
angustia.
Un despertador despierta garfios
invisibles
osos azules
líquidos plumajes,
olas del despojo.
Pájaros de agua trinan contra el
vidrio.
Sin paraguas sin sombrero
apenitas despeinado.
Ojo a ojo.
Pushkin yo.
Y el Neva acerando las aceras.
Blancas noches blancas van.
Hora de estatuas.
Jinetes de bronce
Latidos zozobran al garete.
Pájaros de agua trinan contra el
vidrio.
Eugenio Petrogrado.
Eugenio Buenos Aires.
C.M.
Deja Visité
Cuando mis ojos se opacan
deciden
curiosear
altas
estatuas
inofensivas
rarezas.
La
conocí un domingo.
San
Telmo.
Obstinada
brizna crepuscular
Manos
color mate
surcaban
una escultura
inmensamente
blanca.
Diálogo
de miradas.
Perplejidad
entre sahumerios.
Estrella
restituyendo una obra
al océano de coleccionistas.
Conversamos
sobre arte
estatuas
de Reims
y
piedras rúnicas.
Hubo
tardes noches
y otras noches dentro de las tardes.
Cosas
pequeñitas:
dos
cafés pizza
en Pirilo
cerveza
en Británico.
Asombro
contemplando
las consteladas
cúpulas
de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Caminábamos.
Reíamos.
Una
noche llegamos a Defensa 1581.
Imperturbable puerta
altivos vitroux
y un infinito frente confundiéndose con el
cielo.
En
el umbral Estrella
evocó
una frase de Céline:
"La vida es un retazo de luz que acaba en
la noche"
La
tarde siguiente llegué a San Telmo.
Brizna misterio
de
un cofre de piratas.
Estatuas mudas
me veían pasar.
Regresé
al anticuario.
Caminé
entre objetos.
Busqué
la blanca estatua.
Una
voz barbada se presentó
como
Alfredo Zahir
busco
a Estrella -dije-.
"Aquí
nunca trabajó ninguna Estrella
no hacemos restauraciones"
(duramente respondió).
Regresé
otras noches
no sé si alguna vez me fui.
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