2.11.23

Aniquilar

 

ANIQUILAR

En los primeros días de octubre concurrí al Arroyo Pinazo. Allí hay un precario puentecito de madera. Las personas cruzan a diario, de una ribera a la otra. De un lado la que pertenece al Municipio de Pilar, del otro al de José C. Paz. 

Un mástil y una placa conmemorativa, recuerda el paso del Gral. don José de San Martín. Caminé, y recorrí las dos riberas. Me detuve en la ribera pilarense, entre la tupida vegetación, y me confundí con las bellas flores amarillas (rabaniza amarilla, Hirschfeldia incana), que creaban un tapiz mágico. Cada flor alberga un mundo. Cada centímetro de tierra alberga un mundo. Las mariposas, las abejas, los colibríes, los seres humanos, necesitan de la naturaleza y de las flores.


A fines de octubre regresé al lugar, sorpresivamente descubrí un escenario desolado. Toda la extensión de la Ribera Pilarense aniquilada, arrasada, y una zona desangelada y calva. Ni flores, ni plantas, ni orugas, ni pájaros. Un profundo nivel de daño. Ningún animal se atrevería a tanto.

Seguí caminando. Solo un par de patos silvestres que se refugiaban entre la vegetación y los camalotes de la ribera contraria, (territorio de J.C. Paz) me ofrecían alguna esperanza.


Aniquilar, palabra que según el Diccionario de la Real Academia española, significa: reducir a la nada; destruir o arruinar enteramente.

El Ecocidio habría sido causado por la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Provincia de Bs. As. Muchos nos preguntamos: ¿Sabrá el Municipio de Pilar, del accionar implacable y devastador de las máquinas voraces?


Pienso en la prepotencia de agredir a la Naturaleza. Pienso en todas las personas que se sumaron con su esfuerzo desinteresado a limpiar las riberas del Arroyito Pinazo. Pienso en todas las personas, que allí colaboraron identificando especies exóticas y nativas, y que plantaron nuevos árboles nativos. Personas, corazones que se deleitaron admirando los matices de la vegetación primaveral. Seres que soñaron –y sueñan- con un entorno menos hostil, con menos máquinas, y menos cemento.

Nos quedan las estrellas, ellas están a salvo. El hombre no llega allí con sus retrtoexcavadoras amarillas.


El poeta Hölderlin veía a la Naturaleza, como un espacio de convivencia entre lo sagrado y lo humano. Quizás, ha llegado la hora de exigir a nuestros gobiernos, una postura más empática con el equilibrio del Ecosistema. Recordando una vieja frase del escritor Dale Carnegie: “Si quieres miel no empieces por patear la colmena”.

C.M.









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