12.11.23

LA FLAMBERGE

LA FLAMBERGE 

Llego a la casa de mi vecino y amigo Claudio Gardère. Bajo los grandes árboles, comenzamos a conversar sobre Edward, su padre. Necesitaba revivir el brillo y el misterio que rodea a “La Flamberge”, el cartel que cuelga de una espada, y que estaba junto al portón, de esta quinta ubicada a unos 50 km de la ciudad de Buenos Aires.

Flamberge literalmente “Espada de llamas”, otros dicen “la espada que forja”. Es un tipo de espada de forma ondulada en toda la longitud de su hoja y que se asemeja a una llama. La espada es un símbolo de libertad y de fuerza. Representa el poder, la protección, la autoridad, la realeza, el liderazgo, la justicia, la fortaleza y la vigilancia Asociada con el eje de la balanza, se relaciona también con la justicia, que separa el bien del mal, hiriendo al culpable. La velocidad de la espada representa la creatividad y la imaginación. La espada escribe frases en el aire, y en su pasado ha deambulado entre ruinas y jardines como la poesía.

El diseño del cartel fue obra de Edward Gardere, quien bautizó la casa con su nombre. Es que Edward además de su pasión por la esgrima, había estudiado bellas artes en Escocia, y era aficionado a la pintura.

En el parque de la antigua casa, se perciben los ecos y latidos de la Francia del siglo XVII. La tibia brisa primaveral acerca las almas de Luis XIII y el Cardenal Richelieu. Los Tres Mosqueteros que eran cuatro, despliegan sus destrezas saltando sobre la hierba. Un tintineo metálico libera historias, y agita la pluma invisible de Alexandre Dumas.

El sol de noviembre ilumina el celeste cielo. El almendro, el viejo roble, los pájaros, parecieran estar atentos al relato de Claudio.

Edward pertenecía a una familia de 17 generaciones de esgrimistas. Su tatarabuelo había sido profesor de esgrima de Luis XIV. También inspiró la novela más famosa escrita por Paul Féval: “El Jorobado”, cuyo protagonista es Henri Lagardère, un famoso espadachín. La frase, «si tú no vas a Lagardère, Lagardère irá por ti», se hizo famosa en Francia.

Edward Gardère conquistó innumerables logros. Fue campeón francés de esgrima durante trece años consecutivos, tanto de florete como de sable. Ganó la medalla de oro en las olimpíadas de Los Ángeles de 1932. En las de Berlín, ante la mirada de los más altos oficiales de Hitler conquistó la de plata. Años más tarde, esta última medalla lo salvaría de ser condenado ante un pelotón de fusilamiento. Corría el año 1945 y Gardère habitaba en su piso que daba al Bois de Boulogne, allí ocultaba armas para la resistencia. Fue entonces que irrumpieron cuatro soldados alemanes y un oficial. Este último le preguntaría, si el certificado olímpico enmarcado en un cuadro le pertenecía. Al responder afirmativamente, sucedería el milagro. Los alemanes quebrando la distancia, luego de saludarlo, se marcharían.

 "Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad", decía el Principito. Alquimia del azar, cuando combatió en la aviación, en el norte de África, junto a su amigo Antoine Saint Éxupery.

Ya no es Claudio el que habla. Ahora es el cartel “La Flamberge”, quien continúa silenciosamente hablando. Edwards, en San Remo, hizo un asalto de exhibición con Benito Mussolini, quien le obsequió una medalla de oro. Ademas recibió la Orden Nacional al Mérito de Francia. Le dio clases al rey Hassan de Marruecos; le enseño a empuñar el florete a Douglas Fairbanks junior, a Ronald Colman, a Alfredo Alcón, y fue asesor de esgrima de diversas películas, incluyendo “El prisionero de Zenda”.

Luego de la segunda guerra mundial comienza su etapa en Argentina. Fue profesor de esgrima en el Jockey Club durante 40 años, el Club Francés, el Colegio Marín, el Lasalle, el Club Gimnasia y Esgrima, y la Facultad de Derecho. En 1955 en la residencia presidencial, brindó una demostración de esgrima antigua, armado con daga y tizona, y vestido de mosquetero, deslumbrando al presidente Juan Domingo Perón.

Resuenan algunas palabras en el aire. “La Flambergere” repite, lo que la voz de su amo sentenciaba: “El duelo es una forma estúpida y peligrosa de resolver una disputa, porque triunfa el que sabe más esgrima, no el que tiene razón”.

Ahora al unísono, Claudio y “La Flamberge”, acercan la última anécdota. Marcel Marceau, actor y mimo francés, y héroe de la resistencia francesa, sostuvo una rica amistad con Edward. Dicen que Marcel, incorporó movimientos de la esgrima a sus prácticas como mimo.

Edward  Gardère  abandonó esta tierra un 24 de junio de 1997 en Buenos Aires. Sus restos reposan en el Mausoleo de los Antiguos Combatientes del Cementerio de la Chacarita.

Han pasado varias décadas, y “La Flamberge” aguarda paciente una pronta y merecida restauración. La magia y la poesía están intactas.

 

C.M.

 

  

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