PASEO POR EL BOSQUE
Caminemos por el bosque
orando y agradeciendo
en silencio
con la voz del corazón
del alma.
Caminemos por el bosque
no es solo una fábrica de madera
es el espacio donde coexisten
infinidad de especies
entrelazadas.
La flor al costado del camino
tiene su dignidad
al igual que otras plantas
y otros animales.
Al igual que vos.
C.M.
27.1.24
Paseo por el Bosque
21.1.24
Viajar hacia el Fin del Mundo
Viajar
hacia el Fin del Mundo
viajar
como Ulises como los argonautas
viajar
a
través del tiempo sin tiempo
explorar
como explorador del mundo
lo
inexplorado lo virgen lo lejano.
El
universo sueña
a
través de nuestros sueños.
La
realidad habla
a
través de nuestros sueños.
Viajar
hacia el Fin del Mundo
viajar
como Ulises como los argonautas
viajar
como
auténticos viajeros
como
soñadores empedernidos.
Viajeros
que viajaron en su fantasía primero.
Viajeros
de la
hermandad de los sueños imposibles.
Los
glaciares laten
viajan
y mueren los témpanos
nieve
y océano helado
y
helado viento.
Viajar
hacia el Fin del Mundo
viajar
como Ulises como los argonautas
viajar
el viajero viaja
persigue molinos de viento.
Viajar
hacia el Fin del Mundo
donde
todavía viven
los
últimos hablantes de una lengua.
El
universo a través de nuestro corazón
late.
C.M.
18.1.24
“Marocchinate”
“Marocchinate”
Los Goumiers marroquíes estaban
familiarizados con la geografía montañosa. Llevaban trajes tribales. Originalmente
vestían una capa con capucha llamada: burnous,
y también una túnica a rayas, turbante, y sandalias de cuerda. Llevaban en el
cinturón la típica daga curva:
gumía; mediante giros
danzantes, atacaban a sus víctimas y les seccionaban narices, orejas, testículos,
que llevaban como trofeos.
La zona montañosa de Cassino era uno de los pocos caminos
transitables que conducían a Roma. Desde lo alto de la colina de Montecassino, los alemanes podían controlar los
movimientos de los aliados y bombardear con precisión sus
posiciones en el valle.
Luego de 9 meses de ocupación alemana, el pueblo italiano
esperaba a los libertadores. Solo llegó el dantesco infierno. Al paso de las
tropas francesas sucedían robos, violaciones, saqueos. Las mujeres fueron
consideradas como botín de guerra. Atrocidades ocasionadas por los Goumiers marroquíes comandados por el
general argelino Alphonse Pierre Juín.
Fueron estos Goumiers
los que antes de derrotar a los alemanes en la batalla de Monte Cassino, tomaron
al pie de la letra, la apocalíptica arenga del general Alphonse Juin:
«Durante cincuenta horas ustedes serán dueños absolutos de lo que
encuentren más allá del enemigo. Nadie los penalizará por lo que hagan, nadie
preguntará qué están haciendo».
Es difícil
establecer la cantidad de víctimas civiles, entre las cuales había población
infantil, y anciana, de ambos sexos. Las vejaciones y el sufrimiento al que
fueron sometidas las víctimas, fue peor que la muerte misma.
La mordaza del silencio cubrió los abominables hechos. Estos
crímenes de guerra fueron ocultados. Los aliados no debían manchar su relato de
heroísmo. La inaceptable justificación con el argumento del Daño Colateral,
ante una violación grave del Derecho Internacional. Muchas víctimas por pudor decidieron callar, otras enloquecieron. El daño psíquico fue inconmensurable.
La victoria en Montecassino se cobró la vida de 55.000 soldados aliados. Los
alemanes sufrieron alrededor de 20.000 bajas.
Poco se habla del lado oscuro de la guerra. La historia la
escriben los que ganan. El triunfo llega con el goce prometido de los botines
de guerra. Quedan sangre, tormento y lágrimas. Quedan imborrables cicatrices del
alma. ¿El fin justifica los medios?
C.M.
14.1.24
El Cazador de Ratas
Hace
unos días tuve una sorpresa. Aquí en un barrio de quintas de la zona noroeste de
la Provincia de Buenos Aires, apareció un pintoresco joven arrastrando un
carrito, en el cual llevaba dos perros tipo foxterrier, un palo con un gancho, una
red y una jaula. Es habitual que pasen personas caminando, voceando y tocando las campanas: afiladores, jardineros, deshollinadores, cartoneros, vendedores
ambulantes, botelleros, hasta fieles de alguna iglesia. En la Provincia de
Buenos Aires todo es posible, pudiendo entrelazarse sueño, pesadilla y realismo
mágico o delirante. Sin embargo el joven de apariencia desalineada, casi
campesina, de mirada lobuna y piel de color terroso, inyectada de tatuajes,
logró sorprenderme con su propuesta. Ni más ni menos, con su palabra ruda y
respetuosa, me dijo que recorría el barrio ofreciendo sus servicios. Al
preguntarle de que se trataba, logró paralizarme con su respuesta: cazador de ratas, brindaba atención
personalizada al vecindario. Sobre la paga, aclaró que cobraba por cada cola de
rata.
Viajando
allá lejos y en el tiempo, recordé algo de John Wheeldon, más conocido como
John Gaunt. Vivía en Sawmills condado de Caldwell, estado de Carolina del
Norte, y trabajaba para una compañía ferroviaria la Midland Railway Company. John viajaba por las líneas como cazador
de ratas. Era un personaje muy singular, trabajaba con sus perros terrier,
y hasta llegó a entrenar zorros, los cuales eran más efectivos para atrapar a
los roedores. Una forma de ganarse decentemente la vida, en época de peste y
miseria.
Largos
días me quedé pensando en el acontecimiento. Luego supe por vecinos, que ya el
muchacho gozaba de buena reputación, habiendo logrado una buena faena.
C.M
13.1.24
Comentarios
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