3.2.26

El Arroyo Dice

El Arroyo dice

-dedicado al Arroyito Pinazo-


Queridas personas

quiero contarles

las palabras de agua

que por las noches

en silencio y murmurando

el manso arroyo

vierte en mis sueños.


El arroyo dice

me hace decir:

A pesar

del humo y la borrasca

del aliento y desaliento

resisto    resistiré

con mi cauce dócil y rebelde

con mi paisaje magia de meandros

con mi canto resplandor que arrulla.

Mi latido nunca se detendrá.


El arroyo dice

me hace decir:

no estoy solo

me acompañan

los pájaros mañaneros

las abejas zumbadoras

las liebres renacidas

el relincho de valerosos caballos

y las briosas estrellas de la noche.


El arroyo dice

me hace decir:

no soy cualquier arroyo

soy torrente indómito del humedal

savia sagrada de la vida

aguasangre libre y feliz

no  

 no soy cualquier arroyo

soy la naturaleza respirando

soy suelo y lluvia y aire

soy agua de tu agua y más.

 

El arroyo dice

me hace decir:

no se rindan         

no bajen los brazos

no dejen de cuidar lo que nos cuida

no arríen la bandera de los sueños

mi corazón invisible todavía late

y seguirá latiendo maravillado

cuando la ribera    futuro de los gurises

de plantas   arbustos y árboles nativos

se pueble         entonces

inocentes criaturas del aire

traerán la esperanza de los vuelos

alas cantoras acariciando el cielo.

 

Fue así que le pregunté al arroyo:

¿será posible?    ¿se logrará?

y él desde su serenidad infinita

con su voz inquieta y cristalina

me respondió:

¡pregúntales a las cortaderas

que vieron el paso de los patriotas!

¡pregúntales a los patos que no abandonan!

¡pregúntales a los ceibos que crecen!

¡pregúntales a los cuises, a los zorros que rondan,

a las medrosas comadrejas, a las huidizas tortugas,

a las aves que migran!

¡pregúntales a las plateadas madrecitas!

¡pregúntales a las mariposas zafiro

que habitan en los talas!

pregúntales           pregúntales!


Vuelta mi alma al cuerpo

alcancé a escuchar

las últimas palabras del Arroyo

alejándose de la mano del viento

como un eco de bienaventuranza

    alejándose     repitiendo:

¡Vamos manos a la obra!

a sembrar la primer semilla

a plantar el primer árbol

despierten

comiencen a soñar.


Carlos Martian

 

 

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