Hemeroteca: casa del Inca Garcilaso de la Vega en Cusco, Peru.

Las nubes extienden sus alas, sobrevuelan mi entrada a la ciudad de Cusco.
La Golondrina Esteparia (mi moto  Bajaj Rouser 200 ns) dejó atrás la nevisca y el viento furibundo que reinaba en la altura, orillando casi los 5000 mts.
Ya son cerca de las 15hs, estaciono y  desmonto. Estoy aquí frente a la casa del escritor:  el Inca Garcilaso de la Vega. Aquí  en esta lejana ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco. Aquí en la ciudad conocida como la "Roma de América".
Esta es otra historia.
c.m.

Cuzco o Cusco (en quechua sureño: Qusqu o Qosqo ) ciudad del sureste del Perú ubicada en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, en la cuenca del río Huatanay, afluente del Vilcanota.
Es la capital del departamento del Cuzco y, además, según está declarado en la constitución perunana, es la «capital histórica» del país.
Antiguamente fue la capital del Imperio Inca, una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú, en cuya época, y en manos de los españoles, se adornó de iglesias, palacios y plazas barrocas y neoclásicas. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco, suele ser denominada, debido a la gran cantidad de monumentos que posee, la "Roma de América"

 “Garcilaso habitó este solar hasta 1560, año en que partió definitivamente a España. Sus patios y estancias fueron escenario de largas tertulias con algunos parientes maternos, cuyos relatos le servirían de base para escribir la historia del imperio incaico. En los años dramáticos de las guerras civiles, la mansión sirvió de refugio al futuro escritor junto con su madre y su ayo, cuando el capitán Sebastián Garcilaso, su padre, tuvo que huir del Cusco para unirse a las tropas del virrey Blasco Núñez de Vela en 1544

”Entonces, los sublevados pusieron cerco a su casa. De acuerdo con el vívido relato del Inca, "no dejaron en ella cosa que valiese un maravedí, ni indio, ni india de servicio, que a todos les pusieron pena de muerte si entraban en la casa". El niño Garcilaso y quienes quedaron dentro, podrían haber muerto de hambre sin la ayuda de los nobles cusqueños que les alcanzaban alimentos valiéndose de pasajes secretos. Por si fuera poco, retomando las palabras del Inca, "Hernando Bachicao, capitán de la artillería, nos cañoneó la casa desde la suya…y así pasaron ocho meses." 

A su importancia histórica se suma la evidente categoría arquitectónica del edificio, construido sobre un antiguo andén incaico. Tiene un singular pórtico abierto hacia la calle, que precede al zaguán. Es una galería a manera de loggia, que permaneció tapiada durante muchos años, hasta que una restauración reciente liberó la arquería y recuperó su aspecto primigenio. En cambio, el balcón abierto que ocupa la esquina es un añadido republicano. Como es usual, las habitaciones se distribuyen alrededor de un gran patio y una imponente escalera conduce a la planta alta. La mayor parte de sus estancias han sido acondicionada como salas de exhibición al convertirse en sede del Museo Histórico Regional.

 El Inca Garcilaso de la Vega nació en el Cusco (Perú), el 12 de abril de 1539. Fue hijo del capital español Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa incaica Isabel Isabel Chimpu Ocllo (quien fue hija del auquí –príncipe- Huallpa Túpac inca, uno de los hijos del inca Tupac Yupanqui y de la palla Mama Ocllo. Chimpu Ocllo, fue sobrina de Huayna Cápac, el último gran inca del Tahuantinsuyo). El pequeño mestizo fue bautizado con el nombre de sus antepasados  por la rama paterna Gómez Suárez de Figueroa.

Experimentó la separación de sus padre, ya que su padre contrajo enlace con una dama española Luisa Martel de los Ríos en 1549. Vivenció como su padre partía a Lima cuando estalló la rebelión de Gonzalo Pizarro, y como Hernando  de Bachicao cañoneaba su casa desde la catedral.

Cuando de 1554 a 1556 el Capitán Garcilaso fue corregidor y justicia mayor del Cusco el joven fue escribiente y se le grabó para siempre la celebración solemne de la fiesta del Corpus

 Si bien Gómez Suárez de Figueroa era el nombre que hasta entonces usaba el Inca. Sucede, en  sólo cinco días, dos reveladores cambios de nombre. En noviembre 17 de 1563, en una partida, figura como Gómez Suárez de la Vega; y, el 22 del mismo mes, en otro documento, aparece como Garcilaso de la Vega. Habría en su ser  una especie de deseo de hallar la identidad propia en la imagen del padre cuyo primer síntoma es tal vez la determinación de viajar a España, patria de su progenitor y dejar el Cusco, tierra de la madre. Pero este año 1563, es pródigo en acontecimientos significativos. 

En 1559, murió su padre y el Inca vive momentos desconcertantes y trágicos. Viaja a España para obtener de la corona las mercedes correspondientes a los servicios que brindados por  su padre, y continuar sus estudios. 

Entre 1564 y 1590 sirvió en el ejército del Rey Felipe II. Al dejar las armas se estableció en Córdoba para dedicarse a la historia y la literatura.
Vivió en Montilla, cerca de la ciudad andaluza de Córdoba. Allí tuvo contacto y amistad con grandes figuras de las letras españolas como Luis de Góngora y Miguel de Cervantes

En 1590, publicó su traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo, que dio a conocer en Madrid el mismo año de su retiro.

Siguiendo las corrientes humanistas en boga, Garcilaso el Inca inició un ambicioso y original proyecto historiográfico centrado en el pasado americano, y en especial en el del Perú.
Considerado como el padre de las letras del continente, en 1605 dio a conocer en Lisboa su Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto, título que quedó sintetizado en La Florida del Inca.

A través de cartas con sus parientes del Cusco siempre estuvo informado del Perú. Sus recuerdos de la infancia, más sus estudios de diversas crónicas de la conquista le permitieron redactar su obra cumbre Los Comentarios Reales, publicada primero en Lisboa, en 1609. Este libro describe la grandeza de la civilización incaica.  La primera parte de los Comentarios Reales (1609) aborda la historia y la cultura del Imperio Incaico, enalteciendo que el Cuzco fue "otra Roma", rebatiendo a quienes trataban de "bárbaros" a los indígenas peruanos. Su visión providencialista distingue un tiempo salvaje, anterior a la misión civilizadora de los incas; con éstos, en cambio, se instaló una etapa de alta civilización, a la cual los españoles debían perfeccionar con la evangelización, igual que Roma fue cristianizada en el Viejo Mundo. La segunda parte (la Historia General del Perú) enfoca la conquista, vista como gesta épica; el problema es que la conquista debió culminar en la cristianización del Perú, pero "la labor del demonio" azuzó los pecados capitales de los españoles, conduciéndolos a las guerras civiles, a la destrucción de sabias instituciones incaicas y a la política toledana adversa a indios y mestizos.

Artísticamente, el Inca Garcilaso de la Vega combinó hábilmente recursos de la epopeya, la utopía (género platónico de gran cultivo entre humanistas) y la tragedia.  Por esta razón es considerada su obra maestra y se la ha reconocido como el punto de partida de la literatura hispanoamericana.

 “Pero así como ha crecido espléndidamente en Garcilaso la conciencia del ser mestizo, se ha desarrollado también, paralelamente, la conciencia de su condición de escritor. Entre muchas evidencias textuales y datos biográficos que así lo demuestran, escogemos un sólo admirable y también conocido texto. Es del proemio a La Florida del Inca en donde luego de explicar la razón de haberla escrito que es el deseo de «que por aquella tierra tan larga y ancha se extienda la religión cristiana», hace una protestación de que no persigue mercedes temporales de las que hace tiempo desconfía y se ha despedido. «Aunque mirándolo desapasionadamente debo agradecerle, muy mucho el haberme tratado mal (la fortuna), porque si de sus bienes y favores hubiera partido largamente conmigo, quizás yo hubiera echado por otros caminos y senderos que me hubieran llevado a peores despeñaderos o me hubieran anegado en ese gran mar de sus olas y tempestades, como casi siempre suele anegar a los que más ha favorecido y levantado en grandezas de este mundo; y con sus disfavores y persecuciones me ha forzado a que habiéndolas yo experimentado, le huyese y me escondiese en el puerto y abrigo de los desengañados, que son los rincones de la soledad y pobreza, donde, consolado y satisfecho con la escasez de mi poca hacienda, paso una vida, gracias al Rey de Reyes y Señor de los Señores, quieta y pacífica, más envidiada de ricos que envidiosa de ellos. En la cual, por no estar ocioso, que cansa más que el trabajar, he dado en otras pretensiones y esperanzas de mayor contento y recreación del ánimo que las de la hacienda, como fue traducir los tres Diálogos de Amor de León Hebreo, y habiéndolos sacado a la luz, di en escribir esta historia, y con el mismo deleite quedo fabricando, forjando y limando la del Perú, del origen de los reyes incas, sus antiguallas, idolatrías y conquistas, sus leyes y el orden de su gobierno, en paz y en guerra. En todo lo cual, mediante el favor divino, voy casi al fin...”.

«La traducción del Indio de los tres Diálogos de Amor de León Hebreo, hecha de italiano en español por Garcilaso Inga de la Vega, natural de la gran ciudad del Cuzco, Cabeza de los Reinos y Provincias del Perú». En pocas pero importantísimas frases como que son el título de la obra, Garcilaso en dos ocasiones proclama orgullosamente su condición de indio y de Inca («traducción hecha por el indio [...] Garcilaso Inca de la Vega...») y el haber nacido en el Cusco. Repárese en que Garcilaso no era indio sino mestizo y, sin embargo, como queriendo afirmar su sangre quechua y el lado andino de su ser, lo dice y lo reitera, en una trascendente ocasión para él: es el primer libro que escribe y publica y es además -como lo hace notar- el primer libro que un indiano edita en España. Testimonios todos muy reveladores sin duda de cómo, a la distancia, el nostálgico recuerdo, su raigambre quechua, ganan terreno y se colocan como eje de su autodefinición, como clave de su identidad.”

”Garcilaso dice refiriéndose precisamente a sus labores de escritor: «Y aunque son trabajos, y no pequeños, por pretender y atinar yo a otro fin mejor, los tengo en más que las mercedes que mi fortuna pudiera haberme hecho cuando me hubiera sido muy próspera y favorable...». ¿Cuál es ese otro «fin mejor» al que pretende y atina? Aunque no haya claridad total en la frase, tengo para mí que Garcilaso está pensando en el sentido cabal que sus obras otorgarán a su existencia así como en que a través de ellas logrará junto a la gloria personal la salvación, por la memoria y la palabra, del Imperio de los Incas que ya no existía en la realidad pero que cobrará nueva existencia en las páginas de sus obras principales.”

El gran escritor peruano falleció en Córdoba, España  el 23 de abril de 1616. Sus restos reposan en la Catedral de la misma ciudad.

Al decir de M. V. Llosa en una conferencia dictada en Amsterdam, en  2009 acerca del Inca Garcilaso de la Vega: “Los comentarios reales que escribió, hace 4 siglos en un rincón de Andalucía un cusqueño expatriado  a la que expoliaban una agridulce melancolía, y esa ansiedad de escribir del escribidor de preservar la vida, o de crearla sirviéndose de las palabras”

 Fuentes
-Viaje Bs As. Machu Picchu, C. Martian (casa del Inca G. de la Vega, Cusco, Peru).
-Vida y Obra del Inca Garcilaso de la Vega, Ministerio de Cultura - Cusco
-Biblioteca Cervantes Garcilaso Inca de la Vega Antonio Cornejo Polar
-Mario Vargas Llosa, Inca Garcilaso de la Vega, 400 años de los Comentarios Reales.
-Cusco Home Page, Casa del Inca Garcilaso de la Vega
-Conferencia M.V.Llosa sobre los Comentarios Reales, Amsterdam, 2009.






























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