16.12.16

Navegando hacia Lugones


Navegando hacia Lugones

Luego de haber conversado durante largo tiempo, sobre el recreo y hostería: “El Tropezón”, al fin, el jueves 16 de diciembre de 2016 decidimos salir al encuentro de los  fantasmas isleños. Bordear la zona conocida como “Los Bajos del Temor”, y poner proa hacia el lugar, donde vió por última vez la luz, el poeta Leopoldo Lugones.

Juan, un ávido lector y eximio navegante, y gran conocedor de la zona, tripuló la embarcación hacia el objetivo trazado. Cruzamos el Paraná de las Palmas por el canal Arias-De La Serna.

El día se mantuvo radiante, con un silencioso y tenaz sol. Las golondrinas nos escoltaban rasantes sobre las olas. ¿Sabrían ellas la misión que deseábamos realizar? De una u otra forma, las oscuras golondrinas de Bécquer nos acompañaban con su magia.

Así, seguimos navegando. Cada tanto, veíamos bajar de los arbustos, y zambullirse en el agua, a algún martín pescador con sus alas azules, su pecho de color naranja, y su largo pico negro.

Una hora después, divisamos la casa emblemática con un cartel que la identificaba como el Tropezón. Hacia uno de los lados, se erigía un monolito conmemorativo del poeta Leopoldo Lugones.

Lamentablemente fue imposible abarloar, dado la rebelde correntada que representaba un serio peligro para el casco de la nave. Dimos un par de giros, a distancia contemplamos el lugar y dado que la corriente no amainaba, seguimos nuestro camino surcando el río.

Leopoldo Lugones, algo de su vida.

Leopoldo Lugones nació en Villa María del Río Seco, Córdoba, el 13 de junio de 1874. La fecha actualmente evoca el día del escritor.

La actividad literaria y política de Lugones comienza en Córdoba, con su incursión como periodista en: El Pensamiento Libre, publicación considerada atea y anarquista, y participa en la fundación del primer centro socialista en esa ciudad. En esa época publica poesía con el seudónimo de «Gil Paz»

Conoció al poeta Rubén Darío, quien tendría importante influencia en su obra, y cuyo prestigio le facilitaría el ingreso al diario La Nación. En 1897 Lugones publica su primer libro, “Las Montañas del Oro”, de estilo inspirado en el simbolismo francés. Algunos capítulos de este libro habían sido publicados en una revista dirigida por Paul Groussac llamada La Biblioteca. En 1898 se adhirió a la Sociedad Teosófica, en la llamada «Rama Luz», sección de la que dos años más tarde es elegido Secretario General. Su interés por el ocultismo y la teosofía comenzó desde muy joven, cuando aún vivía en Córdoba.

El 13 de noviembre de 1899 adhirió a la masonería al iniciarse en la Logia Libertad Rivadavia N° 51. En 1903 es expulsado del socialismo al apoyar la candidatura conservadora de Manuel Quintana para la presidencia de la República.

En 1915 asume como director de la Biblioteca Nacional de Maestros, cargo en el que se desempeña hasta su muerte

En 1923 pronuncia una conferencia en el teatro Coliseo de Buenos Aires, titulada «Ante la doble amenaza», que le reporta un inmediato repudio de parte del espectro político democrático. En esa ocasión el dirigente socialista Alfredo Palacios lo califica de chauvinista.

En 1924 recibe el Premio Nacional de Literatura, y en 1928 preside la Sociedad Argentina de Escritores.

Más tarde en Buenos Aires, formó parte de un grupo socialista que integraban escritores tales como José Ingenieros, Alberto Gerchunoff, Manuel Ugarte y Roberto Payró.

 En 1905 publica “Crepúsculo del jardín” pasando por los estilos del Modernismo y el Simbolismo francés. Asimismo, escribe cuentos que serán considerados precursores de la narrativa breve en Argentina, y se dedicará a brindar conferencias y escribir ensayos sobre el poema gauchesco Martín Fierro de José Hernández, obra que consideraba de gran influencia en la formación de la identidad nacional.

A lo largo de su vida, Lugones atravesó por todo el arco ideológico de la época pasando desde el socialismo, al conservadurismo y el fascismo.

Sus vaivenes ideológicos provinieron de su lucidez o su confusión, nunca del deseo de lucrar, como lo reconoce con hidalguía Jorge Luis Borges.

En 1924 dirá “Ha sonado la hora de la espada”, (discurso en Lima, en el centenario de la batalla de Ayacucho, en 1924, donde también dijo su famosa frase “Ha sonado la hora de la espada”, frente al ministro de Guerra argentino Agustín P. Justo)

Se vuelve un importante propagandista del primer golpe militar de la historia argentina que lleva adelante José Félix Uriburu el 6 de septiembre de 1930, y que derrocará al presidente constitucional Hipólito Irigoyen. Su adhesión al régimen golpista le implicará el rechazo de los círculos intelectuales porteños.

Muchos opinan que Lugones, fue respetado, temido, pero no querido. Su único amigo reconocido fue Alberto Gerchunoff. Otra paradoja en una vida plagada de paradojas: un judío es el amigo íntimo del fascista más famoso del país.

El Hecho

El viernes 18 de febrero de 1938 Lugones tomó una lancha en el Tigre, y se dirigió al recreo-hostería El Tropezón, que se ubica sobre el Paraná de Las Palmas y Canal de La Serna, del lado del Partido de San Fernando. Es decir, el Paraná de Las Palmas es el límite jurisdiccional que separa a la Primera Sección de Islas que pertenece a Tigre de la Segunda Sección de Islas que pertenece a San Fernando.

La Hostería, una construcción típica fluvial, con su extensa galería techada y sus jardines repletos de flores rodeando la casona, se fue llenando de magia con el paso de sus visitantes, desde que fue inaugurada, a principios de 1928.

Los dueños del hospedaje vieron descender de la lancha a un hombre de alrededor de sesenta años vestido de riguroso blanco, y aparentemente sereno.

El señor que ingresó al cuarto y descubrió el cadáver no sabía que se trataba del escritor más importante de la Argentina, el más controvertido y, tal vez, el más talentoso.

Sobre la causa del suicidio, siempre se argumentó que se había debido a razones políticas. Sin embargo, publicaciones recientes hacen referencia a una profunda pena amorosa sufrida por Lugones, quien, por la presión ejercida por su hijo, tuvo que abandonar a una joven estudiante de Filosofía y Letras con la que mantenía una relación sentimental y apasionada.

"A Lugones lo recibí con un tarro de lombrices, porque siempre me daban alguna monedita. Me dijo que quería descansar porque se sentía insolado. Se le dio una pieza bien fresca y pidió que le avisaran a las diez de la noche para cenar. Entretanto salió a caminar", relataría Manuel Berisso quien nació en el Tropezón, y en aquel entonces contaba con 10 años de edad.

La policía llegó al día siguiente. En la mesita de luz había un reloj de bolsillo de oro, con una nota que decía que no ocultaran a nadie lo que había sucedido, que no culparan a nadie y que no le pusieran su nombre a ninguna calle. La fotocopia de la nota quedó en la pared de la pieza número 9, la más fresca, ubicada al final de la galería.

Jorge Luis Borges, a pesar de sus diferencias literarias y políticas con Lugones dijo: “Entonces, aquel hombre, señor de todas las palabras y de todas las pompas de las palabras, sintió en la entraña que la realidad no era verbal y puede ser incomunicable y atroz y fue callado y solo a buscar en el crepúsculo de una isla, la muerte”.

En su mesa, había una botella de whisky a medio consumir, un vaso de agua intacto, una carta y un artículo inconcluso. La carta no decía nada en absoluto sobre los motivos de la muerte. Sólo alertaba que el difunto era dueño de sus actos. Fuera de eso, pedía que lo enterraran sin cajón y sin lápida. Curiosamente, la carta póstuma empezaba así: “No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta.

Diría el informe forense que Leopoldo Lugones, escritor y periodista de 64 años, director de la Biblioteca del Maestro, bebió una fuerte dosis de cianuro, además de alcohol, aquella noche del 18 de febrero.

En su época Sócrates ironizaba: Solo sé que no sé nada» (Ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti oudèn oîda). El envenenamiento por cicuta era un método empleado habitualmente por los griegos para ejecutar las sentencias de pena de muerte. Sócrates fue juzgado y, declarado culpable, cumplió esta pena en el año 399 a.c. Murió a los 70 años de edad, aceptando serenamente esta condena, método elegido por un tribunal que le juzgó por no reconocer a los dioses atenienses y corromper a la juventud. Según relata Platón en la Apología que dejó de su maestro, éste pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir.

Tanto para los estoicos, como el filósofo griego Epicteto, para el filósofo romano Séneca, como para el emperador romano Marco Aurelio, Sócrates representó la personificación y el ejemplo para alcanzar una vida superior. 

¿Habrán sido el ejemplo para Lugones?

Entonces, de sus obras, de sus escritos, podría interpretarse que Lugones era un amante de la antigüedad griega. Habrá sido la influencia de Sócrates, filósofo clásico ateniense quien fue maestro de Platón, quien tuvo a Aristóteles como discípulo,  y siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la  antigua Grecia, quienes le habrán susurrado a su alma y a su corazón, el último acto de su isleña despedida.

¿Habrá sido la serenidad de su última noche, una  evocación de la ironía socrática?  Luz de su TROPEZÓN-ALAR .

Lugones, cuyo color simbólico es el violeta, relaciona siempre la culminación del amor con la muerte: eros/tánatos. Incluso sostenía que la muerte es la perfección del amor. Por algo el soneto concluye con los amantes suspendidos en un instante de goce eterno, pero acosados inexorablemente por la muerte: “a nuestros pies un río de jacinto / corría sin rumor hacia la muerte.”

 

Recordemos uno de sus sonetos:

Delectación amorosa

La tarde, con ligera pincelada

que iluminó la paz de nuestro asilo,

apuntó en su matiz crisoberilo

una sutil decoración morada.

 

Surgió enorme la luna en la enramada;

las hojas agravaban su sigilo,

y una araña, en la punta de su hilo,

tejía sobre el astro, hipnotizada.

Poblóse de murciélagos el combo

cielo, a manera de chinesco biombo;

tus rodillas exangües sobre el plinto

 

manifestaban la delicia inerte,

y a nuestros pies un río de jacinto

corría sin rumor hacia la muerte.

                                                                               L.L.

 

En 1984, la historiadora María Inés Cárdenas de Monner Sans publicó, bajo el nombre de “Cancionero de Aglaura”, los poemas que Lugones dedicó a su amante niña, Emilia Cadelago, a quien había conocido en 1926, Emilia era una  estudiante de letras que se acercó a Leopoldo Lugones pidiéndole un ejemplar del agotado “Lunario sentimental”, texto que necesitaba para hacer un trabajo en el Instituto del Profesorado. Él tenía 52 años y la convirtió en su Aglaura, diosa griega que representa lo espléndido, la brillantez. Así la llamaba en sus cartas y poesías, llenas de diminutivos y erotismo.

También incluye ese libro sus cartas, que muestran la llama encendida de su furor pasional. Habría dicho Borges: se mató por amor.

La sentencia se cumplió en un lugar llamado significativamente El Tropezón.

Tropezón dícese del que tropieza con frecuencia. Acción y resultado de tropezar; falta, error, desliz.

Un tropezón Tango 1927 con música de Raúl de los Hoyos y letra de Luis Bayón Herrera:

…Un tropezón
cualquiera da en la vida,
y el corazón
aprende así a vivir…

Otras versiones han mencionado que en realidad la causa de su muerte fue su hijo Polo.

Éste habría amenazado con detener a Emilia, y a él con internarlo en una colonia psiquiátrica.

“Emilia Cadelago, se ocupó de decir a sus pocos confidentes que el comisario Lugones era responsable de aquel desenlace. Según contaba fue él quien detuvo el romance tardío del viejo, amenazando a la familia de la chica: de continuar, decía, metería a su padre en un manicomio. Dejaron de verse, pero Emilia lo amó hasta el final de sus días. Tanto, que pidió que, a su muerte, colocaran en su ataúd un pequeño gato de peluche que Lugones le había regalado” (La maldición de los Lugones- Clarín-30-10-2004-Socorro Estrada).


Leopoldo Lugones hijo, y las nubes de la muerte y la tragedia.

La familia Lugones fue signada por las nubes de la muerte y la tragedia. 

Su hijo Polo “Leopoldo Lugones hijo (1897-1971)., cuenta con una historia más sombría y menos pública. Poco se ha escrito de él aún en los libros que hablan de su padre o en los tratados sobre la tortura en la Argentina. Y poco ha quedado por él escrito, más allá de los prólogos con que, como albacea literario de su padre, exigió acompañar cada una de las reediciones de sus obras mientras estuvo vivo.
Se sabe, en concreto, que durante la presidencia de Alvear fue director del Reformatorio de Menores de Olivera. Que entonces fue procesado por el delito de corrupción, y violación de menores y que cuando iba a ser condenado a diez años de reclusión, el presidente Yrigoyen lo salvó cediendo ante un pedido de Lugones padre. De rodillas, éste le habría implorado que consiguiera su absolución por "el honor de la familia". 
Su suerte mejoraría aún más tras el golpe de Uriburu, que a modo de reparación le hizo pagar los sueldos que dejó de percibir cuando, antes de comenzar el proceso, se lo exoneró del cargo público que detentaba. Uriburu lo nombra además comisario inspector de la Policía, en la misma repartición en la que figuraba su prontuario, que lo calificaba de "pederasta" y "sádico conocido". (La maldición de los Lugones- Clarín-30-10-2004-Socorro Estrada)

Ya instalado en su nuevo cargo, Polo Lugones implementa, en el sótano de la vieja penitenciaría de la calle Las Heras, una sala de interrogatorios y torturas. Hecho, que ha sido documentado en distintas investigaciones sobre la tortura, entre ellos en Breve Historia de la tortura en la Argentina, escrita por Marcelo M. Benítez”

Polo tuvo dos hijas, Piri y Babú. Piri participó del mundo intelectual de los sesenta. Fue amiga de escritores y artistas. Su vida fue trágica, pero no le faltaba sentido del humor. Por ejemplo, se presentaba diciendo: “Soy la hija del torturador y la nieta del escritor”.

Piri ingresó a Montoneros en la década del setenta y fue secuestrada y torturada hasta morir. Haberse negado a ir al exilio fue de alguna manera un suicidio. La leyenda cuenta que en la sala de torturas les decía a sus verdugos. “Ustedes al lado de mi padre son unos aprendices”. No concluyeron allí la saga de suicidios. Piri tuvo tres hijos. Uno de ellos, Alejandro, también se suicidó y lo hizo en el Tigre, un homenaje, tal vez inconsciente, a su bisabuelo.

No se puede descartar la hipótesis referente a que en la segunda mitad de la década del treinta hubo una ola de suicidios de intelectuales. Quizás un mensaje, una advertencia, una respuesta de las almas bellas a un mundo que se precipitaba hacia el abismo. En aquellos años se suicidan en la Argentina Alfonsina Storni, Horacio Quiroga, Lisandro de la Torre, Enrique Méndez Calzada, Florencio Parravicini, Víctor Juan Guillot. Algo ya había verbalizado Enrique Santos Discépolo en su tango “Tres esperanzas”: “Cacha el bufoso, vamos a dormir”.

Borges, completando el retrato, escribiría años más tarde: Si tuviéramos que cifrar en un hombre todo el proceso de la literatura argentina, ese hombre sería indiscutiblemente Lugones.

A 12 años de haber conocido a la joven Emilia, Lugones bebe a la manera Socrática su cicuta (arsénico), en el lugar llamado El Tropezón. En ese lugar se disipó toda la niebla y la armadura. La hortensia azulina y el embriagante jazmín, vencieron a la espada. El río sigue y seguirá su curso.

El agua se agita.Vuelan las incansables golondrinas. La Poesía continúa.

C.M

 

Obras de L.L.

Poesía

Los mundos (1893)

Las Montañas de oro (1897)

La libélula

Los Crepúsculos del Jardín (1905)

Lunario Sentimental (1909)

Odas seculares (1910)

El libro fiel (1912)

El libro de los paisajes (1917)

Las horas doradas (1922)

Romancero (1924)

Poemas solariegos (1927)

La copa de jade (1935)

Romances del río seco (1938)

Obras poéticas completas (1952)

Narrativa

La Guerra Gaucha, (1905)

Las fuerzas extrañas, (1906)

Cuentos fatales, (1926)

El Hombre Muerto (1907) publicado por la revista Caras y Caretas.

El Ángel de la Sombra (su única novela, 1926)

Otros escritos

El imperio jesuítico (1904)

Las limaduras de Hephaestos, incluye:

Piedras Liminares (1910)

Prometeo, un proscripto del sol (1910)

Didáctica (1910)

Historia de Sarmiento (1911)

Elogio de Ameghino (1915)

El problema feminista (1916)

Mi beligerancia (1917)

Las industrias de Atenas (1919)

La torre de Casandra (1919)

Rubén Darío (1919)

El tamaño del espacio (1921)

Estudios helénicos (1923)

La dama de la Odisea (1924)

Héctor el domador (1924)

Nuevos estudios helénicos (1928)

Acción, las cuatro conferencias patrióticas del Coliseo

La organización de la paz (1925)

Elogio de Leonardo (1925)

La grande Argentina (1930)

La patria fuerte (1930)

Política revolucionaria (1931)

Diccionario etimológico del castellano usual [desde 'a' hasta 'arronzar'] (en El monitor de la educación común, 1931-38)

El estado equitativo: ensayo sobre la realidad argentina (1932)

Roca (1938)

 

Fuentes

-Torriell, Edel, “Historias Tigrenses”, Municipalidad de Tigre, Buenos Aires, 2001. Pág 85.

- “Cuando Lugones conoció el amor” de María Inés Cárdenas de Monner Sans, Seix Barral, Buenos Aires, 1999.

-¿Leopoldo Lugones se suicidó en un recreo de Tigre? Escrito por Maribel Carrasco, actualidad Tigre.com-Historia.

La Pasión de los Poetas (Alfaguara, 2002), J. Boccanera.

-La maldición de los Lugones- Clarín-30-10-2004-Socorro Estrada.

-La muerte de Leopoldo Lugones - Opinión : : Diario El Litoral - Santa .../2011/02/23/ Rogelio Alaniz

Sobre un soneto de Leopoldo Lugones y su interpretación en la web, J.T.Roggero, 25-02-2015.

-Pistas para interpretar el suicidio de Leopoldo Lugones, Jorge Aulicino, Clarín, 18-02-98.

-www.carlosmartian.blogspot.com.ar-16-12-2016

 









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