LA FLAMBERGE
Llego
a la casa de mi vecino y amigo Claudio Gardère. Bajo
los grandes árboles, comenzamos a conversar sobre Edward, su padre. Necesitaba
revivir el brillo y el misterio que rodea a “La Flamberge”, el cartel que cuelga
de una espada, y que estaba junto al portón, de esta quinta ubicada a unos 50
km de la ciudad de Buenos Aires.
Flamberge
literalmente “Espada de llamas”, otros dicen “la espada que forja”. Es un tipo
de espada de forma ondulada en toda la longitud de su hoja y que se asemeja a
una llama. La espada es un símbolo
de libertad y de fuerza. Representa el poder, la protección, la autoridad, la
realeza, el liderazgo, la justicia, la fortaleza y la vigilancia Asociada con
el eje de la balanza, se relaciona también con la justicia, que separa el bien
del mal, hiriendo al culpable. La velocidad de la espada representa la
creatividad y la imaginación. La espada escribe frases en el aire, y en su
pasado ha deambulado entre ruinas y jardines como la poesía.
El
diseño del cartel fue obra de Edward Gardere, quien bautizó la casa con su
nombre. Es que Edward además de su pasión por la esgrima, había estudiado
bellas artes en Escocia, y era aficionado a la pintura.
En el parque de
la antigua casa, se perciben los ecos y latidos de la Francia del siglo XVII. La
tibia brisa primaveral acerca las almas de Luis XIII y el Cardenal Richelieu.
Los Tres Mosqueteros que eran cuatro, despliegan sus destrezas saltando sobre
la hierba. Un tintineo metálico libera historias, y agita la pluma invisible de
Alexandre Dumas.
El sol de noviembre
ilumina el celeste cielo. El almendro, el viejo roble, los pájaros, parecieran
estar atentos al relato de Claudio.
Edward
pertenecía a una familia de 17 generaciones de esgrimistas. Su tatarabuelo
había sido profesor de esgrima de Luis XIV. También inspiró la novela más
famosa escrita por Paul Féval: “El Jorobado”, cuyo protagonista es Henri Lagardère, un famoso espadachín. La frase, «si tú no vas a
Lagardère, Lagardère irá por ti», se hizo famosa en Francia.
Edward
Gardère conquistó innumerables logros. Fue campeón francés de esgrima durante
trece años consecutivos, tanto de florete como de sable. Ganó la medalla de oro
en las olimpíadas de Los Ángeles de 1932. En las de Berlín, ante la mirada de
los más altos oficiales de Hitler conquistó la de plata. Años más tarde, esta
última medalla lo salvaría de ser condenado ante un pelotón de fusilamiento. Corría
el año 1945 y Gardère habitaba en su piso
que daba al Bois de Boulogne, allí ocultaba armas para la resistencia. Fue
entonces que irrumpieron cuatro soldados alemanes y un oficial. Este último le
preguntaría, si el certificado olímpico enmarcado en un cuadro le pertenecía.
Al responder afirmativamente, sucedería el milagro. Los alemanes quebrando la
distancia, luego de saludarlo, se marcharían.
"Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño
una realidad", decía el Principito. Alquimia del azar, cuando combatió en
la aviación, en el norte de África, junto a su amigo Antoine Saint Éxupery.
Ya
no es Claudio el que habla. Ahora es el cartel “La Flamberge”, quien continúa
silenciosamente hablando. Edwards, en San Remo, hizo un asalto de exhibición
con Benito Mussolini, quien le obsequió una medalla de oro. Ademas recibió la
Orden Nacional al Mérito de Francia. Le dio clases al rey Hassan de Marruecos;
le enseño a empuñar el florete a Douglas Fairbanks junior, a Ronald Colman, a
Alfredo Alcón, y fue asesor de esgrima de diversas películas, incluyendo “El
prisionero de Zenda”.
Luego
de la segunda guerra mundial comienza su etapa en Argentina. Fue profesor de
esgrima en el Jockey Club durante 40 años, el Club Francés, el Colegio Marín, el
Lasalle, el Club Gimnasia y Esgrima, y la Facultad de Derecho. En 1955 en la
residencia presidencial, brindó una demostración de esgrima antigua, armado con
daga y tizona, y vestido de mosquetero, deslumbrando al presidente Juan Domingo
Perón.
Resuenan
algunas palabras en el aire. “La Flambergere” repite, lo que la voz de su amo
sentenciaba: “El duelo es una forma estúpida y peligrosa de resolver una
disputa, porque triunfa el que sabe más esgrima, no el que tiene razón”.
Ahora
al unísono, Claudio y “La Flamberge”, acercan la última anécdota. Marcel
Marceau, actor y mimo francés, y héroe de la resistencia francesa, sostuvo una
rica amistad con Edward. Dicen que Marcel, incorporó movimientos de la esgrima
a sus prácticas como mimo.
Edward Gardère abandonó
esta tierra un 24 de junio de 1997 en Buenos Aires. Sus restos reposan en el
Mausoleo de los Antiguos Combatientes del Cementerio de la Chacarita.
Han pasado
varias décadas, y “La Flamberge” aguarda paciente una pronta y merecida
restauración. La magia y la poesía están intactas.
C.M.